Yma Sumac sigue viva en la memoria de quienes la vieron y oyeron en su cúspide. Aclamada más fuera que dentro de su Latinoamérica natal por su excentricidad, su presencia y su lírica inconmensurables, su legado continúa traspasando fronteras que permiten redescubrirla de modos impensados, como durante el más famoso show de drag queens.

Yma Sumac. Punto. Su nombre ya nos genera reminiscencias de los pueblos originarios. “La princesa inca”, descendiente de Atahualpa (lo cual había sido rumor hasta que el cónsul de su país emitió un comunicado oficial asegurando su veracidad), es, a la fecha, considerada la figura mundial más importante que ha dado su Perú natal.

Testigo de casi todo el siglo XX y de principios del presente, Zoila Augusta Emperatriz Chávarri del Castillo fue una longeva soprano con un registro que llegaba a más de cuatro octavas. Con tamaño talento natural, bien podría haberse ganado a los públicos de los tradicionales y estoicos escenarios europeos de la ópera más reconocidos del mundo. Pero si bien coqueteó con esos lugares, Yma prefirió otro rumbo más afín a los géneros y las raíces latinoamericanos que la habían convertido en lo que era, aunque siempre sorprendiendo con su capacidad de reinvención.

Si bien ya en 1944 su show en la Radio Belgrano de Buenos Aires le valió reconocimiento fuera de sus fronteras geográficas de origen, su auge llegó en la icónica década del ’50, que recordamos más por las voluminosas rubias hollywoodenses como Marilyn Monroe y los galanes rebeldes como James Dean donde, no obstante, personalidades y bellezas exóticas como la de Yma no pasaron desapercibidas, tal como constatan hechos y números: es la única peruana cuyo nombre está grabado en el famoso Hall of Fame de la emblemática ciudad californiana – sede de la mayor industria cinematográfica de momento -, espacio que ganó por su actuación en películas como Secretos de los incas (1954) y Música para siempre (1956), y la única latinoamericana hasta aquel momento en haber actuado en una obra musical de Broadway (Frahooley, en 1951). Por si esto fuera poco, habiendo vendido más de 40 millones se convirtió en la más exitosa música de su país en toda su historia.

Apoyada por el Ministerio de Educación peruano, debutó en radio en 1942, hito que sumado a su matrimonio con Moisés Vivanco (director de la Compañía de Arte Peruana) en ese mismo año, ayudó a desarrollar su promisorio futuro. El mismo continuó en Nueva York, cuatro años después, y sus presentaciones le valieron críticas que llegaron a desestimar su lugar de nacimiento y su ascendencia incaica, aunque sus composiciones hayan sido enmarcadas en el género “folklore andino”.

En este recorrido, es de especial interés la grabación de su disco Mambo! (1955), año donde le es otorgada la ciudadanía estadounidense y en el cual, a su género habitual hasta el momento, da un giro añadiendo sonidos propios de culturas diversas, como por ejemplo la cubana.

Pero su mutación artística no terminó allí. De hecho, era sólo el primero de los muchos devenires musicales de la cantante. Tras su divorcio con Vivanco en 1958, tres años después pasaba de su éxito americano a su opuesto: la Unión Soviética, habiendo incluso grabado con la Bolshoi Symphony Orchestra en 1961. En una ocasión, un compromiso que suponía su estancia allí por dos semanas, terminó por durar 6 meses. Vendría luego otro giro radical con Miracles (1972), su primer álbum del género rock, y más de diez años después se animó a cantar para películas de Disney. A comienzos en los ’90s, y siguiendo su incursión en el cine pero en esta oportunidad no como actriz sino como cantante, grabó para clásicos del cine como El gran Lebowski y llegó a ámbitos como inexplorados por ella anteriormente como… ¡la publicidad!

Por Soriana Chessa

Ignoramos las razones por las cuales “desapareció” de múltiples escenarios (literal y metafóricamente) donde había pisado fuerte. Pero con 84 años, en 2006, regresó a su Perú natal por un breve período para recibir numerosos premios por el éxito cultivado (entre ellos “La orden del Sol”, la mayor condecoración que otorga su país), antes de su fallecimiento en Los Ángeles el primer día de noviembre del año 2008, a la edad de 86 años, casualmente en la ciudad donde el diario local más famoso, Los Angeles Times, había reconocido ya en 1951 que la cantante ejercía “un tipo de autohipnosis cuando canta”, que proyectaba también a su público y que producía un deleite único e incomparable. ¿Qué es eso sino lo que busca todo arte de manera ansiosa? Yma fue y siempre será una artista memorable, porque como dijo el crítico musical Glenn Dillard Gunn en Times Herald, “tales voces sobrevienen sólo una vez en una generación”. ¿Qué más decir? Que su nombre artístico no hizo más que hacerle honor a su carrera: del quechua, “Ima Sumaq” significa “¡qué linda!”. Y vaya si no lo ha sido.

Leyenda viviente: su reconocimiento en RuPaul’s Drag Race

A pesar de la enorme carrera desarrollada por Yma, podríamos decir que nació y murió en el siglo XX, aunque su muerte no se haya producido hasta casi el fin de la primera década del siglo actual. No obstante, y frente a la proliferación de nuevos géneros, su obra fue progresivamente quedando en las sombras.

A fin de cuentas, si Yma viviera, si fuera joven, si estuviera comenzando su carrera en este época donde el pop reconvertido arrasa todo lo que encuentra, ¿cuántxs seguidorxs tendría en Spotify o en su canal de YouTube? Seguramente, muy pocxs.

Sin embargo, fue luego revalorizada por parte de la emblemática drag queen Lady Bunny en el evento Wigstock (en inglés, “wig” significa “peluca”, y el festival es una interesante vuelta de tuerca al icónico festival Woodstock de los años 60). Su primera edición fue en 1980 en el East Village de Nueva York, y se convirtió el primer festival “drag” de amplio alcance. Lady Bunny eligió nada menos que el Malambo N° 1 de Yma para lucirse en el escenario.

Pero no fue hasta 2013, cuando el show RuPaul’s Drag Race hizo eco en multitudes. Específicamente, en la temporada 5, RuPaul, la drag queen más famosa del mundo y conductora del programa, eligió el Malambo N° 1 en el episodio 11, que definiría la tercera finalista, para sorpresa de muchxs, ya que hasta el momento habían imperado de forma arrolladora los clásicos y nuevos éxitos del pop para el lip sync que cerraba cada entrega. La eventual ganadora fue Jinkx Monsoon, y su rival, Detox.

Para quienes no lo saben, el lip sync (en español, “sincronía de labios”) es una performance que, según el formato del programa, hace que las dos participantes que hayan tenido su peor semana deban interpretar creativamente la canción seleccionada a modo de «playback».

Jinkx no sólo pasó a la final con una interpretación épica de este malambo de Yma y eliminó a una dura contrincante, sino que semanas después se convirtió en la ganadora de la temporada y posteriormente interpretó esta canción que, según la opinión de muchxs seguidores, fue lo que la reivindicó y le valió la corona. Tan memorable fue este momento del show que basta comprobarlo escribiendo “Jink”, sin completar, en Google para que la búsqueda se autocomplete y aparezca en tercer lugar el video inolvidable. Como Yma, Jinkx Monsoon fue “subestimada” (en su caso, en la competencia, y en el caso de Yma, en América Latina). Jinkx, proveniente de Seattle, EE.UU., no vaciló en decir que “esta es una canción perfecta para interpretarla cómicamente”. Y se notó desde el segundo en que los primeros acordes de la canción empezaron a sonar, y la carcajada de RuPaul al final lo dijo todo. La drag queen número uno, que antes de cada lip sync dice “este es su momento para impresionarme y salvarse de la eliminación”, sin dudas había quedado impresionada con la performance de Jinkx.

En los rayos de luz podemos ver, mediante alguna técnica, todos los colores del arcoiris. Yma fue un sol inca que no necesitó más que su voz para que podamos ver, incluso ya sin ella, todos esos colores. Y seguramente, si hubiera visto la performance de Jinkx, la diversidad de sus colores brillaría más que nunca, y su sol no dejaría de sonreír.