La ópera del vienés Alban Berg, basada en el conjunto de 27 escenas que Georg Büchner había registrado en cuatro manuscritos que supondrían más adelante la obra que nunca llegaría a culminar, se estrenó en la Ópera Estatal de Berlín el 14 de diciembre de 1925. Ciertamente revolucionaria, la obra atonal más extensa escrita hasta aquel momento, es un título que sigue dividiendo al público. El Metropolitan Opera House de la ciudad de Nueva York ofrece acaso la oportunidad de ganar más adeptos a Berg y a la historia sobre el soldado Franz Wozzeck, con impecable y cuidada dirección musical, una puesta impactante de carácter multimedia, aún en la aparente ’simplicidad’ de su ejecución, y un elenco de excelentes y carismáticos cantantes-actores, encabezados por el barítono sueco Peter Mattei y la soprano sudafricana Elza van den Heever.

Una escena de la nueva producción de “Wozzeck” de Alban Berg, a cargo de William Kentridge. Foto: Ken Howard / Met Opera

La propuesta del artista plástico y director escénico sudafricano William Kentridge responde al impacto emocional de la obra en tanto se acopla con maestría al sólido entramado de las 15 escenas que la componen. Mientras Berg utiliza diversas formas musicales clásicas para el diseño de cada uno de los actos de cinco escenas (cinco piezas de carácter para el primero, una sinfonía en cinco movimientos para el segundo y seis invenciones para el acto final, contando un interludio orquestal), Kentridge, como es su costumbre, dibuja de manera sugestiva, borra y vuelve a dibujar, una y otra vez, el absurdo de los horrores de la Primera Guerra Mundial atravesada por el propio Berg, de todas las guerras al fin y al cabo, y el estado de exaltación de un Wozzeck humillado y empujado irrefrenablemente hacia todo despojo. El tiempo de la acción ha sido una elección de Kentridge a partir de las experiencias de vida del compositor y el hecho de que ni el libro original de Büchner ni la ópera especifiquen un tiempo y espacio.

Berg impacta en tanto domina sottovoce formas conocidas para el oyente, del mismo modo en que Kentridge ofrece imágenes que regresan en formas (y deformidades) diversas, dotando de cohesión al espectáculo; la audiencia es introducida en un código visual coherente de principio a fin. Los personajes completan la suma que hace al palimpsesto escénico. Un delicado trabajo de luces a cargo de Urs Schönebaum acompaña la puesta; la muerte de Marie, por ejemplo, allende la magistral interpretación de Mattei y van den Heever, es especialmente escalofriante en la sincronicidad con la que reaccionan la iluminación, la escena y la orquesta (es de imaginar el impacto que habrá tenido en vivo, aún cuando la transmisión en HD nos favorezca pudiendo observar la expresión de los cantantes; habría sido deseable, sin embargo, que la dirección de cámaras apostara a permanecer unos segundos más con Wozzeck y Marie, en vez de privilegiar un casi continuo cambio de planos en momentos que podrían haber gozado de mayor amplitud).

Elza van den Heever como Marie en la nueva producción de William Kentridge de “Wozzeck” de Alban. Berg. Foto: Ken Howard / Met Opera

En el plano musical, Yannick Nézet-Séguin, director musical del Met, debuta en el comando de la arquitectura monumental de Wozzeck, al igual que los protagonistas. El resultado es inconmensurablemente satisfactorio y es de esperar que el Met programe el título nuevamente con el mismo trinomio artístico. Mattei y van den Heever sobresalen en el manejo del sprechgesang (pasajes de cualidad ‘hablada’), lo cual dota aún de mayor hondura e impacto a los momentos más cantabile de la obra. Van den Heever, quien debutó en el Met hace unos años como Elisabetta inusualmente destacable en lo actoral en Maria Stuarda, de Donizetti, confirma la estatura de su talento interpretativo, creando una Marie de matices contrapuestos. Mattei se suma a la lista de destacados liederistas que han asumido el rol; su técnica desprovista de artificios superfluos y su expresión franca son ideales para el rol (verlo en cine amplifica la experiencia y el poder disfrutar de hasta el más mínimo de los gestos de su Wozzeck, aún en los primeros segundos de la transmisión anterior a los primeros compases). El resto del elenco fue solvente, con buenas participaciones de Christian van Horn como El Doctor y Gerhard Siegel, experimentado en el papel de El Capitán, junto a un desenvuelto Christopher Ventris como el Tambor Mayor, y excelentes intervenciones de Tamara Mumford como Margret y Andrew Staples como Andres.