Si una parte del dossier del tercer número de la revista se centra en una de las grandes obras de Gioachino Rossini, Semiramide, debemos aprovechar la ocasión para mencionar quién fue la célebre protagonista de esta ópera en dos actos, la cual tiene dos variantes muy marcadas: por un lado, el mito, y por otro, la protagonista de Voltaire, tragedia publicada por el filósofo y en la cual se basó Gaetano Rossi para crear el libreto. De hecho, Rossi ya había adaptado anteriormente otras obras del célebre pensador de la Ilustración como Tancredi, ópera seria o ‘heroica’ realizada por los mismos protagonistas.

Esta obra, Semiramide fue la última ópera italiana de Rossini en donde, con su música, el autor procuró regresar a las tradiciones vocales de su juventud, realizando un melodrama que recrea la tradición barroca, obteniendo un resultado magnífico, tal y como lo expresó el musicólogo Rodolfo Celletti, quien resume la importancia de esta obra al afirmar que “fue la última ópera de la gran tradición barroca: la más bella, la más imaginativa, posiblemente la más completa; pero también, irremediablemente, la última”.

Semíramis: el mito

Antes de adentrarnos en la Semiramide de Voltaire, debemos hacerlo en las antiguas leyendas griegas que narran la vida de Semíramis, una excelente gobernante considerada una diosa en la tradición, esposa del mítico rey Ninus de Asiria, quien falleció tras 52 años de reinado y dejó el reino en manos de Semíramis, que gobernó durante otros 42 años el vasto imperio.

Degas, Sémiramis construisant Babylone (1861)

En el mito, Semíramis es una de las mejores gobernantes de la historia del reino, siendo la creadora de los famosos Jardines Colgantes de Babilonia, una de las siete maravillas del mundo antiguo, transformando para ello toda la ciudad y erigiendo gran cantidad de edificios maravillosos, palacios y jardines. Además de la gran Babilonia, Semíramis fue responsable de erigir decenas de ciudades a lo largo del imperio, extendiéndolo incluso hasta Etiopía e India, atendiendo a Boccaccio en su obra De las mujeres ilustres en romance, y creando grandes obras de ingeniería y arquitectura como el túnel bajo el río Éufrates. La leyenda también cuenta que erigió un monumento funerario a la memoria de Ninus, el cual posteriormente fue el escenario que inspiró la obra de Píramo y Tisbe, los dos jóvenes babilonios que vivieron durante el reinado de Semíramis, mito célebre conocido por Ovidio quien la narra en Las Metamorfosis, IV, aunque su primera mención la encontramos en la obra Fabulae de Higino.

La Semiramide de Voltaire

¿Qué sucede en la obra original de Voltaire? En su obra Semiramide, la acción se desarrolla en un patio frente al palacio de Semíramis en Babilonia, frente a los Jardines Colgantes, en donde la protagonista se convierte en gobernante del imperio babilónico tras haber envenenado a su esposo Ninos con quien había tenido un hijo, Ninias, desaparecido y presuntamente muerto años atrás.

Para darle muerte había contado con la ayuda de Assur, príncipe de los Belús, con la promesa de casarse tras un tiempo. Pero la trama gira cuando aparece un extraño joven en el reino, Arsace, de quien la gobernante se enamora y con quien finalmente decide contraer matrimonio.

En un nuevo giro de la trama de Voltaire, Oroe, el sacerdote supremo, le cuenta al joven Arsace una verdad que ninguno de los protagonistas sospechaba: él es en realidad Ninias, el hijo considerado muerto de Semíramis y Ninos.

Tras la revelación, Ninias jura vengar la muerte de su padre y busca a Assur, a quien considera el principal responsable. En un encuentro en un sitio oscuro y confuso, Arsace, ahora llamado Ninias, intenta asesinar a Assur, pero por error asesina a su madre Semirámide y, tras este acto, acaba convirtiéndose en el rey de Babilonia.

Voltaire y la obra: creación, estreno y controversias

En el año 1746, se le presentó a Voltaire la ocasión para escribir una gran obra de teatro para conmemorar el nacimiento del primer hijo de Louis, el delfín de Francia, hijo de Luis XV. Sin embargo, la selección de una historia en donde una gobernante envenena a su esposo, se enamora de su propio hijo y finalmente encuentra su muerte, no parecía una obra digna para este momento tan especial y delicado de la historia de Francia.

Voltaire no lo creía así, por el contrario, ya que veía en esta obra la oportunidad de restaurar la tragedia francesa a su gloria clásica siendo un libreto aspiracional digno de un nuevo príncipe.

Pese a la defensa de Voltaire, la corte francesa decidió no estrenar la obra, algo que sí decidió hacer el rey de Polonia Stanisław Leszczyński quien, maravillado por el guion, decidió estrenarla públicamente, lo que aconteció el 29 de agosto de 1748 en la Comèdie-Française.

Tras su estreno, la obra Sémiramis de Voltaire tuvo una enorme aceptación a nivel internacional, estrenándose en muchas capitales europeas incluyendo París, con una excepción llamativa por lo especial de la situación: San Petersburgo. Es una situación especial porque en Rusia reinaba Catalina la Grande, gran amiga personal y mecenas del filósofo, pero que en este caso no permitió su estreno por causas evidentes: un guion en donde una reina asesina a su marido no era un tema que agradase a la reina.

Como curiosidad final de la historia de esta obra, debemos mencionar la disputa entre Voltaire y su rival más antiguo: Prosper Jolyot de Crébillon, la cual surgió en 1733 (15 años antes del estreno de esta obra).
Crébillon era el favorecido de Madame de Pompadour, otorgándole no sólo una pensión sino el puesto de bibliotecario real. En 1733, Crébillon irritó a Voltaire al exigirle cambios en Temple du goût, aunque los episodios más graves de esta disputa llegaron cuando decidió detener las actuaciones de Mahomet (1742) y La Mort de César (1743). Como represalia, Voltaire decidió seleccionar uno a uno los temas clásicos que Crébillon había utilizado anteriormente, con el fin de demostrar su superioridad en el tratamiento de los guiones.

¿Cuál fue el primer texto que decidió tratar? Efectivamente, Semíramis, tema que Crébillon había utilizado en su tragedia escrita en 1717. Sin embargo, no fue la última. A ésta le siguieron Oreste en 1750 y Rome sauvée en 1752.

La elección de Voltaire irritó más, si cabe, a un Crébillon que exigió de inmediato una serie de cambios que Voltaire se negó a realizar para, posteriormente, autorizar algo que sorprendió al propio filósofo: una parodia de la obra de Voltaire que se estrenó en la Comédie Italienne y luego en la corte de Fontainebleu. Esta rivalidad y, principalmente, las diferencias de puesta en escena de ambas obras, se trasladaron a la calle en donde la población rápidamente se posicionó a favor o en contra de uno y otro.

La diferencia entre el mito y la obra de Voltaire es notoria, pero lejos de que esto implique una crítica a la adaptación del filósofo, lo que consiguió fue realzar la figura de la protagonista de uno de los grandes mitos de la historia babilónica.