Semblanza de Rosina Storchio

La soprano Rosina Storchio. Imagen de dominio público proveniente de la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos, División de Impresiones y Fotografías.

‘¿Y quiere entonces mi Butterfly, mi pequeña apasionada, abandonarme?’ escribió Puccini en una carta a Rosina Storchio poco después del estreno mundial de Madama Butterfly en 1904. ‘Me parece como que al irte te llevas contigo la mejor parte, la más poética, de mi trabajo. O expresándome mejor: creo que Butterfly sin Rosina Storchio se convierte en una cosa sin alma.’ El estreno en el Teatro alla Scala de Milán había sido un fracaso humillante para Puccini, pero su admiración por Storchio era inquebrantable. Aún que aquellos críticos que condenaron Madama Butterfly como un refrito falto de inspiración de trabajos anteriores de Puccini, acordaban en una cosa: la actuación exquisitamente musical de Storchio en el rol protagónico representaba otro triunfo para la cantante.

Rosina Storchio (1872-1945) es hoy recordada principalmente por su asociación con la ópera de Puccini: presentó su obra en ciudades tales como Madrid, París, Buenos Aires y Nueva York a lo largo de su extensa carrera, dando incluso su función de despedida en Barcelona en 1923 como Butterfly. Aún así, Puccini lejos estaba de ser el único admirador de los talentos de Storchio. Ruggero Leoncavallo, Umberto Giordano y Pietro Mascagni requirieron a Storchio para el estreno mundial de sus óperas, honrándola con las noches de apertura de La bohème (1897), Zazà (1900), Siberia (1903) y Lodoletta (1917). Estimados directores de orquesta como Arturo Toscanini, Cleofonte Campanini, Leopoldo Mugnone y Ettore Panizza contaban, asimismo, con Storchio para las más prestigiosas ocasiones en Italia y en el exterior, admirados por su estupenda técnica, los matices en su actuación y simplemente por su amplio rango expresivo.

Cerca de un siglo después de su retiro, ha madurado el momento propicio para una re-evaluación de la contribución única por parte de Storchio a la historia de la ópera. Más que una obediente servidora musical, Storchio fue un agente creativo vital que estableció convenciones artísticas en óperas de repertorio como La Traviata al mismo tiempo que abogaba por obras contemporáneas. Su versatilidad vocal nos ofrece también un recordatorio acerca de los modos en que las categorías para los cantantes han variado desde los años de su carrera (1892-1923). Afamada sobre todo por Manon, Violetta y Butterfly, Storchio realizó trabajos de Mozart, Bellini, Donizetti, Gounod, Thomas y Bizet sumadas a sus creaciones dentro del verismo, así como novedades que incluían Euryanthe de Weber y Hänsel und Gretel de Humperdinck; su espectro dramático se extendía desde Susanna de Le nozze di Figaro de Mozart hasta Maddalena en Andrea Chénier de Giordano. Redescubrir el arte de Rosina Storchio es una oportunidad de adentrarnos en este paisaje musical olvidado en que coexisten nuevos trabajos italianos y franceses con inventivas recreaciones del pasado.

Ermonela Jaho en ensayos de su recital debut en Wigmore Hall en el lanzamiento del 50º Aniversario de Opera Rara (c) Russell Duncan

El artículo ha sido originalmente publicado en inglés en el programa de mano del recital brindado por la soprano Ermonela Jaho, junto al pianista Steven Maughan, en el Wigmore Hall de la ciudad de Londres, Reino Unido, organizado por el sello Opera Rara, y con motivo del homenaje realizado a Rosina Storchio. El proyecto se completa con la edición de un nuevo registro discográfico a cargo de Jaho, junto a la Orquestra de la Comunitat Valenciana y el joven director de orquesta italiano Andrea Battistoni. (Nota del Equipo Editorial de Club de Ópera.)