Porgy & Bess – Desde el Metropolitan Opera House de NY

Golda Schultz como Clara en la obra de los hermanos Gershwin, Porgy and Bess. Foto: Ken Howard / Met Opera

La última transmisión en cines de todo el mundo desde el Metropolitan Opera House de NY implicó la merecida divulgación de la obra de George Gershwin Porgy & Bess, ausente del repertorio del Met durante 30 años, y que luego de estrenar producción en la English National Opera de Londres, fuera elegida como apertura de la actual temporada, 2019-2020, en el coliseo neoyorquino. Marcó, asimismo, la entrada en el Black History Month (mes conmemorativo de la historia afroamericana en los Estados Unidos y en Canadá, que se celebra en febrero), dando cuenta del talento invaluable de los protagonistas de esta propuesta, herederos históricos de una extensa línea de cantantes afroamericanos que han honrado este teatro en roles estelares desde el demorado debut de la contralto Marian Anderson como Ulrica (Un ballo in maschera, de Giuseppe Verdi) en enero de 1955.

La de Gershwin es una partitura sensible, tanto en su contenido y en la comprometida y afectuosa caracterización de sus personajes como a causa de las polémicas que ha suscitado; con ánimos de servir de retrato de una comunidad afroamericana en Carolina del Sur en la década de 1920, el libreto corrió por cuenta de DuBose Heyward y su esposa Dorothy Heyward, junto a George Gershwin y su hermano Ira Gershwin, todos ellos blancos. Sin quitar méritos a la obra, seguramente no dejarán de suscitarse cuestionamientos en torno a qué tan genuinamente la misma representa a la comunidad en cuestión y cómo es posible que la obra de compositores afroamericanos siga siendo ignorada.

La labor eximia de la coreógrafa Camille A. Brown es, en sus propias palabras al ser entrevistada durante la emisión por nada menos que Audra MCDonald (aclamada en Broadway en el rol titular femenino de la presente obra) la de una búsqueda por la “memoria de la sangre”. La suya es una propuesta elegante y terrena, que habilita a cada cantante solista, miembro del coro y bailarín, a hurgar en aquellos movimientos que, en lo personal, mejor sirven en la tarea de representar dignamente a sus personajes. El resultado, sumado a la calidad de las voces, y una adecuada dirección orquestal a cargo de David Robertson, es el de un potente trabajo de conjunto con personajes perfectamente delineados (que, debe añadirse, respondían también a la partitura que, como ya dijera, es de excepcional sensibilidad en el detalle con que desarrolla la vocalidad de cada una de las voces intervinientes).

Angel Blue como Bess y Eric Owens como Porgy en la obra de los hermanos Gershwin, Porgy and Bess. Foto: Ken Howard / Met Opera

En esta transmisión Eric Owens dio vida a un Porgy íntegro, de buena presencia escénica a pesar de cierta constricción vocal (el director del teatro, Peter Gelb, había ya anunciado que el cantante se encontraba de momento afectado por un resfrío). Desgranando tímidamente los primeros compases de Bess, you is my woman now, su Porgy escucha atentamente y crece junto con el afecto compartido entre ambos personajes. La interpretación general de Owens crecía, asimismo, a medida que avanzaba la obra, especialmente en una delicada a la vez que potente interpretación de la escena final.

Los Gershwin demoran la aparición de Bess, al menos en términos vocales, con extensas escenas de conjunto que permiten adentrarnos en el ambiente de Catfish Road. Desde el momento de su aparición, la soprano Angel Blue se impone por la impronta insolente de su personaje, con destellos de las cualidades que la redimen a los ojos de Porgy. De voz cálida y rica en armónicos, Blue descuella con sus agudos penetrantes y un modo de recorrer la escena en plena sintonía con todas y cada una de sus inflexiones vocales. Es de esperar que esta sea apenas la primera de muchas transmisiones del Met con Blue como protagonista ineludible.

Cada uno de los cantantes realizó una labor formidable, en mayor o menor medida. El balance ha sido más favorable en el reparto femenino en que destacan la actuación de la veterana mezzosoprano Denyce Graves como Maria, matriarca protectora de la comunidad, sumada a una Clara sensible a cargo de la soprano sudafricana Golda Schultz (de voz templada y segura, la velada no podría haber tenido mejor apertura que con su Summertime) y a la soprano estadounidense Latonia Moore. Anunciada ya como una de las Aidas en la temporada entrante del Met, Moore ofrece una versión devastadora de My man’s gone now, en tanto velan a su marido, muerto a manos de Crown. La actuación arrolladora de Alfred Walker como este último ha sido sin lugar a dudas de las más acabadas de la función, de presencia dominante y gran poder vocal. Frederick Ballantine ofrece, por su parte, un sinuoso, viperino e inventivo (valga destacar su improvisación durante It ain’t necessarily so) Sporting Life, contracara más astuta y mercurial de Crown.

Latonia Moore como Serena en la obra de los hermanos Gershwin, Porgy and Bess. Foto: Ken Howard / Met Opera

Detrás de una pantalla con la imagen de una mansión derruida dentro de la que se intuye transcurre la acción (parte de la serie de imágenes diseñadas por Luke Hall), el director James Robinson se vale de la plataforma giratoria y la estructura de aquel edificio, en la escenografía de Michael Yeargan, para generar los ambientes externos e internos en que transcurre la escena, logrando que la acción no decaiga, y con efectiva iluminación de Donald Holder. El equipo artístico se completa con vestuarios a cargo de Catherine Zuber.

No es de extrañar que, según indica al día de hoy la página del teatro, y debido a la demanda de público, el Met haya decidido añadir tres funciones más, los días 4, 12 y 15 de febrero.

Una escena de Porgy and Bess de George Gershwin, DuBose and Dorothy Heyward y Ira Gershwin @ London Coliseum. Producción de la English National Opera.
(Estreno 11-10-2018) © Tristram Kenton