La English National Opera (ENO) de la ciudad de Londres ha abierto su temporada 2019/2020 exitosamente y ha, al mismo tiempo, inaugurado un ciclo especialmente programado con foco en la figura mitológica de Orfeo.

El coliseo comienza así su programación de las puestas conjuntas, a lo largo de los meses de octubre y noviembre, de nada menos que cuatro obras líricas cuyo personaje central es efectivamente Orfeo. La ópera de Christoph Willibald Gluck (en su versión para mezzosoprano propiciada por Hector Berlioz) Orpheus & Eurydice (en versión en idioma inglés como, recordemos, suele ser la usanza de este teatro) se constituye de este modo en la primera de las entregas de esta suerte de curaduría lírica, a la que habrán de sumarse: la opereta francesa Orphée aux enfers [Orpheus in the Underworld, Orfeo en los infiernos] de Jacques Offenbach, The Mask of Orpheus [La Máscara de Orfeo] de Harrison Birtwistle y Orphée de Philip Glass.

En la noche de apertura, Stuart Murphy, CEO de la compañía subió primeramente a escena no sólo para dar la bienvenida al público, sino para excusar a la mezzosoprano Alice Coote por encontrarse indispuesta debido a un virus y aclarando que, sin embargo, haría la función. Pasado el estreno, la propia cantante describió en su cuenta de Twitter que se había tratado de una de las noches más temibles de su carrera, siendo que prácticamente no podía oír en uno de sus oídos. Cualquiera fuera el caso, el aplomo escénico de Coote en su primera entrada, habitando por entero el personaje, daba cuenta ya del Orfeo que Ann Wroe describe en el programa de mano como “un rey, un chamán, un viajero”. El de Coote es un Orfeo experimentado que coronaría sus travesías con el premio del amor correspondido con Eurydice, de cuyo descenso al Hades coreografiado por Wayne McGregor somos testigos durante la obertura. No puede decirse que la voz de Coote se haya visto afectada en absoluto; acaso, tan sólo, que su Orfeo aparentara mayor control sobre sí mismo en los primeros dos tercios de la obra. Aún ofreciendo un vigoroso cierre al primer acto, daba la sensación que estaría seguramente moderando su entrega, resguardándose para el encuentro final con su amada (Sarah Tynan, de adecuada labor y convincente actuación), en un dúo cargado de ímpetu, urgencia y pasión. Che farò senza Euridice (en su versión inglesa, una vez más) comenzó en un tono apropiadamente apagado, descolocado como estaba por la situación, abriéndose paso de modo lastimero, la voz plena, escurriendo cada palabra con cuidado extremo y arrebato en medidas iguales, en un estado de exaltación que se extendió al recitativo posterior, hasta una nueva intervención de Amore, a cargo de Soraya Mafi, brindando también una correcta interpretación. Las tres solistas brindaron un final vocalmente esplendoroso, acompañadas en escena de una de las secuencias de baile más efectivas de la puesta, acaso por su sencillez y sensibilidad, y contando desde ya con la brillante dirección de Harry Bicket desde el foso.

Orpheus and Eurydice, ENO, 2019 © Donald Cooper

Las coreografías de McGregor, pendencieras en el ingreso a los infiernos, debidamente distendidas en la presentación de los Campos Elíseos, fueron irregulares en su inmediatez, pero con momentos logrados, especialmente en el final mencionado, en las intervenciones de Jacob O’Connell en su carácter de psicopompo y el pas de deux ofrecido por los bailarines Jordan James Bridge e Izzac Carroll.

El vestuario de Louise Gray es una vuelta de tuerca sobre el tratamiento dado a las telas en la antigüedad clásica, transportado a un futuro especulativo en sintonía con el diseño escenográfico de Lizzie Clachan, en que resalta un atractivo juego de pantallas capaces tanto de distinguir los diversos ambientes requeridos para el desarrollo de la acción como de permitir incluso la interacción con los personajes.

A los espectadores que puedan disfrutar de alguna de las producciones de ENO, contrastadas las obras entre sí, les permitirá seguramente analizar (si no comprender acabadamente, dado lo escurridizo del tema) la figura de un personaje mitológico que renace a cada nueva interpretación. La presente versión desafía incluso al tándem Gluck-Berlioz en un final que se ubica más allá del final feliz exigido por la tradición de la época en que la ópera fue primeramente estrenada. Este es un Orfeo rey que rige apenas sobre sí mismo, un chamán incapaz de sanar y un viajero cuya odisea apenas comienza…

Orpheus and Eurydice, ENO, 2019 © Donald Cooper

Orpheus & Eurydice - English National Opera
Alice Coote (Orpheus), Eurydice (Sarah Tynan), Love (Soraya Mafi); bailarines: Luke Ahmet, Joshua Barwick, Rebecca Bassett-Graham, Camille Bracher [reemplazada por Fukiko Takese en la primera función], Jordan James Bridge, Izzac Carroll, Jasmine Chiu, Sara de Greef, Sharia Johnson, Chien-Shun Liao, Mathilde Lin, Eileih Muir, Jacob O'Connell, Kyle White. Director de orquesta: Harry Bicket. Director/Coreógrafo: Wayne McGregor. Diseño de Escena: Lizzie Clachan. Diseño de Vestuario: Louise Gray. Diseño de Luces: Jon Clark. Diseño de Video: Ben Cullen Williams. Director del Coro: James Henshaw.Funciones desde el 1 de octubre hasta el 19 de noviembre de 2019.
90%Nota Final