Como bien es presentada en el informativo libro que acompaña esta edición recuperada de Le Willis, de Giacomo Puccini, realizada por el sello Opera Rara, la obra es el producto de un concurso para jóvenes compositores italianos, instados a componer una ópera en un acto a ser remitida de modo anónimo para el juicio del compositor Amilcare Ponchielli y el director de orquesta Franco Faccio.

No haber logrado siquiera una mención especial en aquel concurso no impidió que Puccini fuera asistido por diversas personalidades (Ponchielli, profesor suyo, entre ellos, e incluso Arrigo Boito, responsable de que conseguir los fondos necesarios para que esta primera pieza compuesta por el recientemente egresado del Conservatorio llegara al Teatro alla Scala de Milán). La obra gozó de gran éxito en su estreno y fue mediante la cesión de derechos a Casa Ricordi que se acordó que la misma fuera transformada en una ópera en dos actos, la versión más conocida al día de hoy, reescrita como Le villi.

Reconocible desde los primeros minutos de la obra como un Puccini en pleno derecho, la obra condensa el talento sinfónico del compositor y caracterizaciones emotivamente profundas, a las que se lanzan en un breve dúo casi inmediatamente los dos protagonistas Anna (nadie mejor que Ermonela Jaho, a quien Opera Rara ya confiara la recuperación de la partitura completa de Zazà de Leoncavallo, y con quien planean el lanzamiento de su primer disco solista dedicado a la soprano de antaño y primera Madama Butterfly, Rosina Storchio) y Roberto (el tenor Arsen Soghomonyan, multipremiado en su Armenia natal, de robusta presencia vocal, y quien confiere el ardor necesario a su personaje).

La prisa de la primera parte en que se agolpan en pocos compases la boda de los protagonistas y la ida inminente del tenor, que traen consigo los temores de la soprano ante la fantasía de ser abandonada (lo cual efectivamente ocurre, propiciando su muerte, según sabremos en la segunda parte), se contrapone a los tiempos relativamente más generosos del bellísimo intermezzo compuesto por Puccini, toda su riqueza sinfónica explotada al máximo por la batuta de Sir Mark Elder (e indudablemente gracias al trabajo detallado logrado con la London Philharmonia Orchestra), y el aria de Guglielmo, padre de Anna (el barítono Brian Mulligan, excelente en la exposición de sus sentimientos por la pérdida de su hija y más portentoso en el ominoso final à la Trovatore).

No es de extrañar que, en tren de resaltar los atributos vocales y dramáticos de ambos protagonistas, los responsables de esta edición hayan añadido un apéndice en que incluyen momentos musicales reservados para la versión extendida de la ópera. La romanza Se come voi piccina permite a Jaho delinear más pausadamente a su Anna, antes de transformarse en el ser errante que quitará la vida a su pasado amante, con la delicadeza acostumbrada que dedica a las piccole donne puccinianas, en tanto la romanza y escena final a cargo de Soghomonyan le permiten lucir sus dotes de tenor dramático de modo más acabado.

Ajeno a la temática típicamente verista de la mayor parte de sus óperas (recordemos que Le willis comparte argumento con el ballet Giselle), la presente se trata indudablemente de páginas puccinianas que merecen ser revisitadas y que exponen de manera clara el prodigio musical en que se más adelante se transformaría Giacomo Puccini.