Desde los primeros compases del preludio, con la guía sutil y ajustada de Michael Balke de la Latvian Festival Orchestra, sumada a la premisa de tres aclamados cantantes de la actualidad para el trío protagónico, este registro se yergue como uno de los más acabados, aparte de ser la primera ópera completa grabada por el sello Prima Classic, creado por la propia Marina Rebeka.

Como suele ocurrir con algunas de las óperas más populares, puede llegar a perderse de vista la dificultad que su interpretación implica. Lejos de ser rutinaria, la sonoridad que Balke extrae de la orquesta y el contraste entre los números da cuenta de una dirección sensible y atenta, y de una agrupación instrumental a la altura de las circunstancias.

La Violetta Valéry de Marina Rebeka del primer acto suena madura, algo resignada a su vida parisina, pero sin perder frescura, una Violetta que pareciera prefigurar en su deseo el avenimiento de una relación como la que tendrá con Alfredo, el anhelo de un momento de pausa. Con las mismas contradicciones con que la presenta la partitura, la Violetta sagaz de Rebeka, batalla evidentemente, aún con todas sus fuerzas (son de destacar las variaciones entre ambas repeticiones en Sempre libera) una causa perdida. Sin lugar a dudas, los actos siguientes la encuentran a la soprano pudiendo desplegar lo mejor de su arsenal, con excelente fiato, complejos armónicos que le permiten colorear las frases en una amplia variedad de matices y el pathos que la propia coloración de su voz y sus dotes actorales le permiten.

Charles Castronovo es aquí Alfredo Germont. Gabriele Adorno para la Amelia que interpretara Rebeka en el Simon Boccanegra realizado en Salzburgo también durante el año pasado (en que se grabara este disco), la excelente química de aquella oportunidad había resultado mayor que lo que puede percibirse aquí. Aunque levemente engolado por momentos, dando un efecto de fraseo más bien trabajoso, la voz de Castronovo se afirma y expande sin restricciones hacia la zona aguda de su registro sin dificultad alguna, y dota a Alfredo del ardor acostumbrado, su sello interpretativo.

Así como Rebeka nos obsequia una de las mejores y más personales Violettas en disco, George Petean en el papel de Giorgio Germont, padre de Alfredo, hace lo propio y con eximia nobleza. Su interpretación, podría decirse que, sencillamente, corta el aliento por su exquisita musicalidad y distinguida caracterización.

Es de esperar que, pronto a ediitarse su segundo álbum solista con el sello, el futuro de Prima Classic nos deleite también con más propuestas líricas al mismo nivel que en esta entrega.