Camilla Hoitenga escribió el texto con anterioridad, y lo ha compartido en su sitio web, en el que se podrá encontrar la versión original en inglés.

If you want to see the original version, in English, click here[Nota del editor.]

 

En 1982, Kaija Saariaho y yo fuimos participantes de los Cursos Internacionales de Veranos para Nueva Música en Darmstadt, Alemania. Nos conocimos la primera semana mientras esperábamos en la fila de la cantina durante el almuerzo. No recuerdo de qué hablamos, aunque Kaija recuerda que yo le hablé primero. Recuerdo su figura notable en un largo vestido negro y zapatos negros, chatos. (El resto de nosotros estábamos en camisetas, vaqueros y sandalias…) Sea como fuere, supe que era compositora y ella, que yo era flautista). Los compositores-profesores de aquella primera semana fueron lo que llamamos la “Contingencia Francesa”, notablemente compuesta por Gerard Grisey, Tristan Murail y Michael Levinas, y disfrutamos visitando sus cursos, conciertos, y socializando con ellos luego. Kaija recién se había mudado a París a estudiar al IRCAM [Institut de Recherche et de Coordination Acoustique/Musique] y yo era una gran fan de París, de modo que ya teníamos en común el interés por la ciudad y cultura francesa.

En ese momento ella medio el solo de flauta Laconisme de l’aile, una pieza que acababa de escribir en Freiburg para una flautista finlandesa amiga suya, Anne Raitio (actualmente, Eirola). Para mí, que acababa de trabajar intensamente con Karlheinz Stockhausen en una pieza que él había revisado para mí (Amour para flauta), su partitura me resultaba imprecisa, y recuerdo preguntarle muchísimas preguntas acerca de qué significaba esto o aquello y cuánto tiempo debía tomarme aquí o allí. Eventualmente, de todos modos, no sólo toqué la pieza: se transformó en uno de los solos en mi repertorio que más veces he tocado. ¡Y me volví su “musa” de piezas posteriores para flauta!

Pero esto ocurrió gradualmente. Luego de Darmstadt, quedamos como amigas y en estrecho contacto, pero no fue hasta 1992 que me sorprendió con una nueva pieza. Un día me llamó por teléfono a Colonia [Alemania] y me dijo algo así como “Me temo que debo escribir una pieza para ti”; ¡casi como si se tratara de malas noticias! Para ella, de algún modo, eran “malas noticias”, dado que el repertorio contemporáneo se encontraba ya atestado de música solista para flauta y dudaba acerca de sumarle obras. Por otra parte, ella tenía estos gestos de escalas ascendentes “sobrevolando su cabeza, acosándola” y quería deshacerse de ellos, como para poder pasar a otra cosa. Felizmente, su frustración con el “solo de flauta” la llevó a adentrarse en nuevo territorio ya con esta pieza misma, debido a que decidió crear una polifonía, no sólo con técnicas extendidas y, ahora, voz, sino también utilizando medios electrónicos de maneras diversas. El resultado fue Noa Noa, el cual se convirtió en un “clásico” dentro del género flauta/electronics.

Aquel año, el estreno en Darmstadt no fue, definitivamente, un éxito. Las señales de la flauta al ordenador no funcionaron (estábamos trabajando con NEXT y pitch-following), de modo que lo que el público escuchó fue menos “polifonía compleja” que “melodía-con-reverberación”; no exactamente de acuerdo con la “estética de Darmstadt” prevalente. Aunque interpreté bien mi parte, nos sorprendió que NADIE se acercara a saludarnos detrás del escenario finalizado el concierto. Más tarde, un periodista amigo me llevó aparte y me sugirió que acaso lo pensara dos veces antes de volver a trabajar con esta compositora. Saariaho había gozado de un gran comienzo con Verblendungen y otros trabajos, pero ahora que había tenido un bebé, se habría vuelto quizás demasiado “suave”, y habría perdido su estética “de avanzada”. ¡Nada bueno para una flautista de vanguardia!

No sólo no escuché ese consejo, sino que años más tarde decidí incluir música de Saariaho en mi proyecto doctoral “Música Solista Clásica del siglo XX y Exótica, para flauta”, dedicando un recital exclusivamente a su música y a la de Karlheinz Stockhausen.

El siguiente solo de flauta fue Couleurs du Vent (1998) para flauta contralto. El hecho de que hubiera sido escrita para el cumpleaños de nuestro amigo flautista Mikael Helasvuo hizo que tuviera que esperar una infinidad para poder tocarla. Mikael no paraba de cancelar el estreno hasta que finalmente la interpretó en Finlandia, pero en una flauta en do en vez de hacerlo en la flauta contralto. Por lo tanto, luego estren[e la versi[on original para contralto en Wisconsin, en febrero de 1999, y un año más tarde en París. La pieza era larga y dificultosa, sin embargo, y ninguno de los dos volvió a programarla luego de aquellas fechas. Hasta que un día….

Un día, toqué Couleurs du vent y fue más corta de lo habitual. En tanto me acercaba al final, me preguntaba qué había pasado con algunos de mis pasajes favoritos. Resultó que en algún momento, había dado vuelta a dos páginas en vez de una, realizando por ende un corte que, aparentemente, había sido lo suficientemente orgánico como para que no lo notara en el momento. Ni Kaija tampoco, que se encontraba escuchando entre el público, aunque también se preguntó por qué le había resultado tan corta la obra. Dado que de hecho “funcionó” en aquella versión, ella se dispuso a revisar la pieza de modo oficial, y esa es la edición que ha sido publicada y que, mientras tanto, fue programada muchas más veces también.

Más tarde, en 1998, Kaija escribió un solo de flauta como regalo de cumpleaños, una vez más, pero esta vez para su ahijada Liisa, que tocaba la flauta y en ese momento iba a cumplir 10 años. El título finlandés, elegido por el hijo de Kaija, que contaba con 9 años en ese momento, es Liisan taikahuilu Liisa’s Magic Flute. Aún con una longitud de veintiséis compases y limitándose a 4 ó 5 tonos apenas más allá de la primera octava, esta “simple” pieza emplea, sin embargo, algunas de las técnicas para flauta favoritas de Kaija, como ser sonidos de aire, trinos y glissandi (y ha demostrado ser un desafío, ¡incluso para instrumentistas en los conservatorios!).

Eventualmente, yo también recibí un solo como regalo de cumpleaños: la pequeña pieza para piccolo, Dolce Tormento (2004). Aproximadamente un mes antes de mi cumpleaños me habían solicitado que presentara su pieza orquestal Orion en el Beethovenfest de Bonn. Dado que el piccolo es bastante prominente en uno de los movimientos, llevé el mío e interpreté fragmentos para la audiencia. Algunos de estos gestos, en especial el conmovedor dibujo “en caída” de la tercera octava Mib – Re – Si del segundo movimiento, “Winter Sky”, supieron colarse en el solo de piccolo.

Por supuesto (!) Kaija agregó texto (el Soneto 132 de Il Canzoniere de Petrarca), presentándome entonces dos nuevos desafíos: resolver cómo hablar/susurrar el italiano de tiempos de Petrarca y cómo de algún modo integrar los sonidos vocales a la música sin la ayuda de una flauta resonante. El privada detrás de la cuál se encuentra el por qué de la elección suya de ese texto particular para mí, en fin, quedará para otro relato. En cualquier caso, disfruté estrenar la pieza en mi “concierto de cumpleaños” en el Instituto Finlandés en París, y continúo interpretándola a menudo.

El mayor trabajo de Kaija Saariaho para flauta, de todos modos, es su concierto Aile du songe (2001). Como en el caso de NoaNoa, este también fue una sorpresa para mí, pero esta vez ella fue desarrollando el suspenso acerca de cierta “noticia” y esperó hasta una de mis visitas a su familia en París. Luego lo anunció con ademanes teatrales y, al acto, brindamos con champagne. Un concierto para cuerdas, arpa, celesta y percusión, Aile du songe fue una comisión conjunta por parte de las orquestas del Flanders Festival, la Filarmónica de Londres y la de la Radio Finlandesa, de modo tal que las primeras actuaciones ya estaban acordadas.

Una nota de interés: uno de los comisionados originales debió haber sido una importante orquesta estadounidense, pero dado que el contrato con su flautista solista no permitía flautistas invitados, Kaija se negó. De hecho, la mayoría de las orquestas de los Estados Unidos tenían (y aún tienen) contratos similares con sus solistas de vientos, lo cual hace que concertar la actuación de artistas invitados sea más bien un desafío. Aparentemente, se me permitió finalmente realizar el estreno en Estados Unidos con la Sinfónica de Chicago “sólo” porque ocurriría durante la temporada de verano en Ravinia, y asimismo, compensaron especialmente a su flautista. Hmm…. si tan sólo tocara el piano, el violín o el cello… ¡qué distinta sería la historia!

Pero no; estoy bastante satisfecha de tocar la flauta, amo este concerto y, felizmente para mí, continúo siendo invitada por docenas de orquestas para interpretarlo con ellas.

 

Copyright Camilla Hoitenga 2011

Traducción: Santiago Rodrigo Hilara