Fuenteovejuna. A todos nos viene a la mente la coletilla: todos a una. El Teatro Campoamor acogió el pasado 9 de septiembre en el marco de la programación de la Ópera de Oviedo el estreno mundial de la obra de Lope de Vega armada musicalmente por el compositor Jorge Muñiz, bajo la dirección musical de Santiago Serrate a la Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias, y adaptada teatralmente por el poeta Javier Almuzara.

El equipo se completa con Miguel del Arco y Paco Azorín como magos escenográficos que elevan la obra devenida ópera a una crítica social, feminista y brutal ajustada al siglo XXI, que asusta por las similitudes que presenta con el siglo XVII.

Al fin y al cabo la condición humana no cambia, y en Fuenteovejuna solo cambia el escenario pero el fondo sigue siendo el mismo: todos a una pero hasta cierto punto, y aunque sé que Miguel del Arco estaría en desacuerdo conmigo, me concedo la licencia.

Miguel del Arco es una de las mentes más preclaras en lo que a adaptación de clásicos consolidados se refiere. Lo ha demostrado con gran reconocimiento por parte de crítica y público en Misántropo – estrenada en 2013 en el Teatro Español y reestrenada en el Pavón Teatro Kamikaze en su primera temporada tras su reapertura –, en la que el protagonista Alcestes afrontaba sus problemas existenciales desde el callejón trasero de una discoteca o Hamlet – estrenada en 2016 en el Teatro de la Comedia y reestrenada en el Pavón Teatro Kamikaze en los mismos términos –.

Miguel del Arco (c) David Ruano

Del Arco es una de las piezas esenciales de Kamikaze Producciones y del Pavón Teatro Kamikaze – junto con Aitor Tejada, Jordi Buxó e Israel Elejalde –. Ha sorprendido y atraído al gran público hacia las butacas generando en cada una de sus direcciones y escenografías un clima de inquietud, reflexión y generación de ideas constante al alcance de todos.

Wajdi Mouawad, director del teatro nacional de la Colline y más conocido en España por su obra Incendios, estrenada en el Teatro de la Abadía, sostiene que el teatro tiene que ser como la Cathédrale de Notre Dame: tiene que ser de muy fácil acceso – la catedral está prácticamente a unos pocos escalones del suelo – pero, a su vez, de una gran complejidad una vez que uno se imbuye en ese microcosmos.

Miguel del Arco genera también teatro en estos términos, y en Fuenteovejuna genera el marco perfecto para que las palabras de Lope y Almuzara sumerjan al público en sus butacas en el marco de un microcosmos onírico y totalmente premonitorio.

Hablamos con Miguel del Arco sobre sus percepciones en torno a Fuenteovejuna.

Es una verdad a medias que nunca te hemos visto en ópera. En Juicio a una Zorra ya vimos una referencia preciosa en la culminación de la obra en un evocador ‘C’est l’amour, l’amour vainqueur’ de Jacques Offenbach. El amor, en efecto, al final, lo es todo y siempre vence. ¿Crees que Fuenteovejuna es una sociedad que triunfa sobre la tiranía o es todo un espejismo como sucede con Helena de Troya?
– Nada es constante. Ni existe una verdad absoluta. Alcestes cree comprender, al final de El Misántropo, la incapacidad del ser humano para conocer la verdad pues los anhelos del corazón siempre inventan ficciones que lo arropen. Al final de Fuenteovejuna, el pueblo cree que ha hecho lo que tenía que hacer: liberarse de un tirano. Ya llegará el tiempo de buscar respuesta para los interrogantes que quedan suspendidos en el aire. ¿Es bueno tomarse la justicia por la mano? ¿Es bueno aplicar la ley del talión? Lo mismo para Helena ¿Debió quedarse junto a un marido al que no amaba y renunciar al amor de su vida? Al final todo se reduce al grado de honestidad que cada uno se reconoce al quedarse a solas.

– A propósito del amor, y del amor del colectivo, en estos días marcados por las reivindicaciones del 8M vemos constantes referencias al feminismo y a la lucha contra el patriarcado desde el escenario de forma directa e indirecta; en Juicio a una Zorra (una vez más), La violación de Lucrecia, en tu nuevo proyecto Jauría, incluso Misántropo y, por supuesto, en Fuenteovejuna, ¿es pura casualidad que el escenario esté presidido por dos torres eléctricas falocéntricas?
– Nadie planta en un escenario dos torres de quince metros “por casualidad”. Fuenteovejuna es una historia sobre el abuso de poder. Del hombre sobre la mujer, por lo que el tema falocéntrico estaría sobradamente justificado, pero también del abuso de poder del hombre sobre el entorno. Nuestra relación con el planeta que nos alberga es deplorable. De ahí la idea de ahondar en esta permanente inclinación de los seres humanos a reventar el medio ambiente. Afeándolo, esquilmando, ensuciando, envenenando… Y al precio que va la luz me parecía una perfecta metáfora para la malsana y desmedida ambición del Comendador.

– Lope de Vega se refiere en los primeros versos de la obra al amor platónico de una forma alejada e incluso quimérica. Los primeros planos y proyecciones de Pedro Chamizo contribuyen a esta sensación de la prototípica caverna de Platón. ¿Esta producción de Fuenteovejuna es más de lo que esconde? ¿Se reduce a una amalgama de pensamientos que reside en el mundo de las ideas de forma que solo queda la desesperanza?
– Un pueblo que se revela contra la injusticia siempre es esperanzador. Otra cosa es que no vale revelarse una vez ni confiar en que la idea de justicia o democracia se signifiquen solas. Mengo dice que “nadie tiene amor más que a su misma persona” y a pesar de que defiende su tesis con vehemencia es de los primeros que, a riesgo de su integridad, dice “hasta aquí” cuando la injusticia que sufre alguien ajeno le resulta insoportable. Esa es la fuerza que cambia el mundo.

– La magia del teatro y de su confluencia con la ópera en la tarea interpretativa radica en su transversalidad: la manera en la que el espectador se puede identificar con Hamlet a partes iguales en tu versión y en su versión operística a manos de Brett Dean. Con Fuenteovejuna pasa algo parecido, reina la transversalidad a través de la obra de Lope de Vega: la solidaridad colectiva que se vivió en el 15M se refleja perfectamente sobre el escenario. ¿Hasta qué punto la obra busca representar la libertad (o su falta) ante un marco en el que solamente es posible la transformación a través de la acción colectiva?
– Es el conflicto que plantea Fuenteovejuna. En qué nos convierte mirar hacia otro lado ante un hecho flagrante de injusticia solo porque no sea sobre nosotros. ¿Hasta qué punto debe un pueblo soportar desmanes de sus gobernantes antes de rebelarse contra ellos? No es fácil dar el paso. Si lo fuera habría revoluciones a diario. Muchas veces en defensa de nuestro modo de vida aceptamos situaciones profundamente injustas cuando no humillantes. El verdadero progreso solo aparece ante la igualdad de condiciones entre los seres humanos y eso pasa porque la justicia sea igual para todos.

Fuenteovejuna, Ópera de Oviedo (c) Iván Martínez

– El diseño del escenario y su constante basculación es el punto de partida de la obra, sus cimientos. Espectacular trabajo que realizas junto a Paco Azorín. El mundo se hunde a nuestros pies, y en Fuenteovejuna, a pesar de la victoria final en la que el pueblo acaba con el opresor, vendrán otros tras él. ¿Fuenteovejuna es una victoria o es una obra que evoca la victoria que nunca llegará?
– ¡Madre mía, qué pesimista eres! Yo no creo en las victorias para siempre. Fuenteovejuna-todos-a-una aniquila al opresor, lo que supone, sin duda, una victoria, pero una victoria pasajera que abre, necesariamente, nuevos interrogantes: ¿será capaz el pueblo de buscar gobernantes dignos y honrados o volverá a darle el poder a otro que le haga lo mismo? ¿Volverá a confiar en la justicia o le cogerá el gusto al linchamiento y la mayoría aplastará cualquier pensamiento minoritario? ¿Promoverán una ley que proteja a las mujeres de la violencia machista y la dotarán económicamente para ponerla en práctica? ¿Educarán a sus hijos en la igualdad de género o seguirán pensando que no pasa nada por ver hombres y mujeres y viceversa? La vida es lucha constante. La muerte es la única cuyas victorias son definitivas.

Retomando las palabras de Miguel, la fuerza del pueblo que no soporta una injusticia por más tiempo es aquella que cambia el mundo, y el pueblo solo puede ser entendido consciente e inequívoco en sus convicciones.

Fuenteovejuna plantea muchas de las preguntas, pero quedan muchas respuestas por abordar.

La fuerza que cambia el mundo también es el amor: el amor por la ópera que pone en común a dramaturgos, figurantes, cantantes líricos y poetas.

Todos a una, en fin, no sé si es la solución o parte del problema.