La Traviata y La Bohème, Verdi y Puccini, se alternan en este momento, durante la temporada invernal del Royal Opera House de la ciudad de Londres. Títulos complacientes, no porque su música sea de fácil ejecución, sino en su cualidad de aptos para un público más amplio, la producción de la obra de Giacomo Puccini firmada por Richard Jones sin dudas abreva en ese sentimiento y no defrauda, ofreciendo un verdadero espectáculo, con buen soporte en una lectura orquestal encomiable por parte de Emmanuel Villaume.

Estrenada en el año 2017, se repone por segunda vez esta coproducción entre ROH, Teatro Real de Madrid y la Lyric Opera of Chicago, esta vez con Julia Burbach como directora de la reposición, que logra recrear los espacios escénicos comunes a la mayor parte de las propuestas para este título – con cierto realismo, podría decirse -, acompasado asimismo por un atractivo movimiento de bloques escénicos, lámparas de fondo que refuerzan la teatralidad propia del evento, eximia iluminación a cargo de Mimi Jordan Sherin y detalles caprichosos (los dibujos en la pared del cuarto de los bohemios, el modo en que Rodolfo, Marcello, Colline y Schaunard interactúan con/en él, entre otros) que amplifican la sensibilidad  de la obra.

Pero nada sería de La Bohème, este rito de pasaje efusivo y sentimental, en música de Puccini, para sus protagonistas, sin un vínculo efectivo entre los cantantes. El grupo de amigos rezumaba verdadera camaradería, con el poeta Rodolfo en la caracterización comprometida, un tanto más adusta que el resto, acaso, pero ardorosa sin dudas y de excelente línea de canto del tenor Charles Castronovo, sumado a un elegante Marcello encarnado por el barítono Andrzej Filończyk, un sólido Colline interpretado por Peter Kellner, y una brillante caracterización Gyula Nagy como Schaunard, desfachatado y alegre, ganando para sí incluso el final del acto segundo en su danza expansiva en pleno Quartier Latin.

En reemplazo de Aida Garifullina, afectada por una laringitis, recayó en la soprano británica nacida en Rumania, Simona Mihai, con desenfado y una pulida versión de Quando me’n vo’, y de gran presencia durante el transcurso de la escena final.

Sin lugar a dudas, las loas vocales de la velada deben reservarse para la interpretación de Mimì a cargo de Sonya Yoncheva. Extrañamente comedida en las arias, pero sin faltas, fue en los números de conjunto en que el personaje ganó mayor peso. Yoncheva goza de una técnica que la distingue y explica el traslado de soberbias interpretaciones desde su Poppea monteverdiana hasta este personaje de Puccini. Junto a Castronovo, supieron construir un primer encuentro cargado de ternura, humor incluso, con recursos que hacían de hecho plausible que se confesaran amarse a pocos compases de haberse siquiera encontrado.

Las funciones de La Bohème continúan en el Royal Opera House hasta el día 13 de febrero con cambios en el elenco. Ekaterina Siurina es Mimì durante esta semana, mientras que subirá a escena un nuevo reparto a partir del 7 de febrero con Eleonora Buratto y Jonathan Tetelman como los enamorados protagónicos.

A scene from La Bohème de Puccini en el Royal Opera House © Tristram Kenton