¿Es consciente Caballé de cuántas largas tardes su voz – el más hermoso regalo de la naturaleza al arte – ha mitigado nuestras soledades?¿Sabe las ocasiones en que ha conseguido sofocar nuestras desesperaciones, arrancándonos de ellas por un instante, para elevarnos a esferas superiores de la sensibilidad?

Gracias, Montserrat, por tanta belleza.

Estas fueron algunas de las palabras que el novelista catalán Terenci Moix le dedicara a quien fuera no sólo una de las luminarias de la lírica del siglo XX, sino también su amiga íntima. Estas también fueron las palabras con las que coronó su emocionante discurso la amiga de ambos, la actriz y directora Nuria Espert en la clausura de lo que hace una semana fue la Gala de Lírica Española en Homenaje a Montserrat Caballé en el Teatro de la Zarzuela.

Apenas un año antes de su consagración en el Carnegie Hall de la ciudad de Nueva York con la Lucrezia Borgia de Donizetti, en oportunidad del ya famoso reemplazo que debió realizar de la prestigiosa Marilyn Horne, Montserrat Caballé debutaba en el Teatro de la Zarzuela con La vida breve, de Manuel de Falla. Sus intervenciones futuras serían numerosas, recorriendo el amplio espectro de su repertorio, desde Madama Butterfly de Puccini y Adriana Lecouvreur de Cilea, hasta Armide de Gluck y Giulio Cesare in Egitto de Händel. En la gala con motivo de sus 25 años cantando en el Teatro de la Zarzuela, fue incluso acompañada por Freddie Mercury. Así como Falla fue el primer compositor que cantara en el mítico coliseo de la calle Jovellanos, no faltó en su repertorio la zarzuela y otras composiciones españolas (aquella noche en la que la había acompañado Mercury, también incluyó luego obras de Mompou, Chapí y Obrador, por mencionar sólo algunos de los compositores a los que honró con su enorme talento y dedicación).

La Gala de Lírica Española en Homenaje a Montserrat Caballé fue sin lugar a dudas el reconocimiento merecido a una de las mayores cantantes líricas que ha a dado España y, asimismo, un repaso por la nutrida producción del género lírico español y una oportunidad única para disfrutar de muchas de sus grandes voces, seguramente inspiradas por el arte de Caballé. También fue la ocasión por la que de ahora en más, uno de los palcos del teatro llevará por siempre su nombre.

Dedicada la velada a la gran Montserrat, con la presencia de sus sobrinas y su hija, la soprano Montserrat Martí, así como la de la mezzosoprano Teresa Berganza y la del bajo Ruggiero Raimondi, entre otros, aguardaba en escena una butaca especial en la que los participantes de la velada colocarían, uno a uno, una rosa blanca en honor a Caballé.

Con la excelente dirección del maestro Óliver Díaz, el Preludio de La Torre del Oro de Gerónimo Giménez con sus fortissimi y la deriva por sus diversos temas y humores fue una apertura de contundencia ideal.

Sería difícil destacar el valor de cada una de las actuaciones de la velada, todas ellas de alto nivel y reunidas aquí, que es lo más importante, para honrar la memoria de quien fuera la protagonista indiscutible de la noche, dando cuenta, simultáneamente,  de la riqueza del género de la zarzuela. Quepa mencionar el gusto y la técnica cuidada de Marina Monzó, el arrojo de Airam Hernández y la picardía en la interpretación cargada de gracia de Virginia Tola. Algunos de los momentos cumbre de la primera parte incluyeron la presencia de la soprano Mariola Cantarero cuya Yo quiero a un hombre con toda el alma fue modelo en lo que a la amalgama de técnica y sensibilidad se refieren, el fraseo subyugante de Sabina Puértolas en un fragmento de Mirentxu y el portentoso número de cierre, a cargo del experimentado Carlos Chausson, así como la interpretación desenfadada de María Bayo, la pasión expresada por Andeka Gorrotztegi y la delicadeza de Celso Albelo en la romanza Mujer de los ojos negros.

En la segunda parte, Nancy Fabiola Herrera deslumbró con su presencia escénica, la belleza de su timbre y profundidad en la emoción, del mismo modo en que destacaron las interpretaciones de José Bros, Yolanda Auyanet e Ismael Jordi, junto a sólidas actuaciones por parte de David Menéndez, Maite Beaumont, José Luis Sola, Pilar Jurado, Rubén Amoretti y el cierre de lujo a cargo de Ainhoa Arteta (en tanto ensaya el Don Carlo de Verdi en el Teatro Real) con la célebre De España vengo de El niño judío.

Dando la bienvenida y felicitando al Teatro de la Zarzuela por reunir a los artistas que desinteresadamente han participado del homenaje, no cabe más que secundar las palabras de Moix/Espert: “Gracias, Montserrat, por tanta belleza.

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Todas las imágenes pertenecen al Teatro de la Zarzuela.