Apenas unos meses atrás, el elenco de la nueva producción de Lucia di Lammermoor en el Teatro Real avivaba las llamas del cierre de temporada con una actuación memorable que los obligó a realizar el bis del famoso sexteto del Acto II. En aquella oportunidad, el rol principal estaba a cargo de la soprano cubano-estadounidense Lisette Oropesa [Gilda en el Real en 2017], junto al tenor Javier Camarena y al barítono Artur Ruciński aunando fuerzas como amante y hermano, respectivamente, en la inquietante y neogótica propuesta David Alden sobre la más famosa de las tragedias compuestas por Donizetti.

Artur Ruciński y Lisette Oropesa en Lucia di Lammermoor (producción de David Alden), Teatro Real, Madrid (2018) (c) Javier del Real

De padres cubanos, Oropesa nació en Nueva Orleans, Louisiana, y fue flautista durante 12 años, antes de su madre le sugiriera intentar apuntarse al programa de entrenamiento vocal en la universidad. Así fue que estudió en la Universidad Estatal de Louisiana, seguido de lo cual ganó las Audiciones del Concejo Nacional del Metropolitan Opera, entró al Programa Lindemann de Desarrollo para Jóvenes Artistas y se mudó a la ciudad de Nueva York. Cantó su primer rol importante, Susanna en Le Nozze di Figaro, en el Met a la edad de 22 años, momento desde el que ha cantado allí más de 100 funciones en diversos roles.

El personaje trágico de Donizetti que la convocaba a Madrid no era extraño para Oropesa, quien ya lo había interpretado en cuatro oportunidades, siendo la más reciente la del Royal Opera House londinense en 2017. En aquella producción, y según lo explicaba su directora Katie Mitchell en una entrevista, se utilizó una escenografía a modo de pantalla dividida en dos mitades, que permitiera la reposición de aquello que la directora creía que había faltado a lo largo de la historia de sus representaciones: un enfoque en los vínculos femeninos y los motivos detrás del accionar de Lucia. Tan disímiles como sean las producciones de Madrid y Londres, ambas parecen compartir la intención de denunciar un sistema que presiona a las mujeres en dirección a los papeles que deben interpretar. Ya se deba a la conmoción de haber sufrido un aborto espontáneo (en la producción de Mitchell) o interpretando el rol de quien ‘enloquece’ frente a la misma audiencia sedienta de sangre que la empujó a tal instancia luego de sistemáticamente abusar de ella de todas las maneras posibles (Alden), ambos directores podrían estar cuestionando la lectura, siempre tan simplista acerca de muchas protagonistas en la escena lírica (y más allá) de ceder a la locura como quien es incapaz de controlar las propias emociones o sin mayor razón que lo justifique. Ya se trate de una Lucia curiosa, intelectual, o de una mujer que imposiblemente lucha por mantener su integridad y esperanza en tanto quiebran su espíritu una y otra vez, Oropesa, como actriz consumada que es, se luce en ambas propuestas.

Charles Castronovo y Lisette Oropesa en Lucia di Lammermoor (producción de Katie Mitchell) en el Royal Opera House, Covent Garden, Londres (2017) Stephen Cummiskey (c) ROH

L.O. – La producción de Katie Mitchell fue de las más intensas que he hecho, probablemente, de cualquier rol  en toda mi vida, porque estaba en escena todo el tiempo. Desde el primerísimo día de ensayo, ella quería cien por ciento de energía y compromiso, el cien por ciento del tiempo. De modo que no podías marcar; podías marcar el canto cuanto quisieras, pero si marcabas la actuación, el drama, te pedía comenzar de cero. Ella contaba con varios figurantes en escena cubriendo roles silenciosos, y eran tan talentosos que, desde ya, holgaba que hablaran. Eran sirvientes o los muchachos que acompañaban a Enrico constantemente. Eran fantásticos, al punto que me dije ‘Ok, debo elevar mi nivel.’ De veras me inspiraron a dar todo de mí todo el tiempo. En esta producción [Madrid], se requiere mucho menos. Y para mí, luego de actuar tan físicamente en la producción de Katie Mitchell, se siente la diferencia al venir a hacer esta producción
– ¿No has podido trasladar algo de aquella producción a esta? 
– Sí, por supuesto. Mi expresión personal, mis ideas, mis ideas musicales… Pero aún así… Por ejemplo, en nuestra producción de Madrid se da una relación sumamente extraña entre Lucia y Enrico, que tiene una obsesión extraña por su hermana; ella es la única mujer que ha conocido y sus sentimiento por ella, podemos decir, van demasiado lejos. No teníamos eso en Londres. No había un ángulo incestuoso, pero aquí sí, lo cual altera mi relación con él. Abusa de mí, me trata como un objeto. En Londres, Katie quería a Lucia a cargo de su propio destino, sexualmente activa, adulta, mientras que aquí se la quiere más joven, mucho más inocente, mucho más indefensa, lo cual es totalmente válido, también. Hace que Enrico sea más bien el villano. Casi que él está más loco que ella. Con lo cual se trata sencillamente de un tránsito diferente de principio a fin.
– Algo que creo es verdaderamente distinto en ambas producciones es que en la primera, mirando el DVD con Diana [Damrau como Lucia], ella estaba con Alisa en todo momento, y aún con los fantasmas [el de su madre y el de una niña], de modo tal que se establecía un sentimiento de sororidad, mientras que aquí estás completamente sola. Me preguntaba, ¿cómo te sientes en términos de tu presencia en escena? Se te ve de veras sola; no hay nadie que acompañe a Lucia, ni siquiera Alisa. 
– Efectivamente, es verdad. Katie quería mucha más presencia femenina en escena para mostrar el contraste tajante entre el mundo de las mujeres y el de los hombres en aquella época. Aquí, por supuesto que no tenemos eso y Lucia parece estar mucho más sola, porque es como el pavo de Acción de Gracias, si quieres. Cuando se levanta al final del sexteto y se recuesta sobre la mesa boca arriba, le dije al director que me parecía un tanto abstracto, que no es algo que una persona haría en la vida real. Le dije “Me siento como el pavo del Día de Acción de Gracias”, y David me dice “Es exactamente lo que eres en este momento. Eres el pavo en el Día de Acción de Gracias y van a comerte. Están celebrando tu sacrificio.”
– Ella dice, al entrar a la habitación, “Io vado al sacrifizio!”.
– Sí, es un matadero, ese es el símbolo. Ocurre que muchos directores quieren un mundo más literal, como en la producción de Katie. Ella quería un mundo en que literalmente vemos el asesinato, el plan, sexo, el aborto espontáneo, el fantasma; todo está allí, todas y cada una de las cosas. No hay nada que aparezca por arte de magia, mientras que este director quería una escenificación más abstracta, conceptual. Por ende, como cantante, como actriz, ¿cómo interpreto esa diferencia? Si soy demasiado realista todo el tiempo, no estoy en la misma producción. Mi interpretación debe ser más simbólica, sencillamente mirar hacia el público, cantar la música y confiar. Eso siempre me pone nerviosa, porque no sé si tengo una experiencia tan tan robusta como actriz para interpretar lo abstracto. Aunque creo que, finalmente, la audiencia comprende todo y yo no tengo nada que demostrar.

Lisette Oropesa en Lucia di Lammermoor (producción de David Alden), Teatro Real, Madrid (2018) (c) Javier del Real

– Mencionaste en distintas entrevistas que cantar te resulta natural por tu crianza, ¿qué dirías de la actuación? 
– Solían ponerme delante de gente, a cantar para todo el mundo desde que tenía tres años. Así que estar delante de la gente, montar un show… Mis hermanas y yo montábamos obras, con vestuario y todo, todo el tiempo. De modo que no lo siento como algo extraño, pero lo que sí siento cuando veo actores reales (amigos que son actores reales, entrenados, con diploma)… me doy cuenta de que estoy haciendo cuanto puedo por imitarlos, pero que no tengo necesariamente la capacitación que lo sostenga. No he estudiado obras teatrales tan exhaustivamente como un verdadero actor lo hace.
– ¿Has tenido alguna experiencia específica en que hayas dicho ‘Aquí aprendí sobre actuación’?
– Katie Mitchell fue un ejemplo. No es que esté en mi máximo nivel, pero puede que haya ido de un nivel 4 a un 8. Por cómo los vi a ella y a sus actores comportarse en los ensayos. Hacen lo que haya que hacer y luego observan todo tan detalladamente. [Hace como que observa atentamente alrededor suyo en el café.] Están estudiando.
– Absorbiendo…
– ¡Exactamente! Aún cuando no están en escena. Llegan al ensayo, se sientan y observan como quien ve televisión, y lo absorben todo. No es que los cantantes seamos perezosos, pero ellos simplemente trabajan de modo distinto, y fue algo interesante de observar. Llegué a pensar, “Por eso es que son tan buenos, porque escuchan.” Eso es lo que los actores hacen de manera diferente. Los cantantes cantamos, pero a veces no escuchamos tanto.

Ya sea que lo haya ganado con Mitchell o no, la presencia escénica de Oropesa demostró ser, en cada detalle, tan competente y notable como las de los actores que dice admirar. En tanto continuamos hablando de otros directores de escena, menciona cálidamente a Jack O’Brien, quien “dirigió Suor Angelica en el Met, donde tuve un pequeño papel, y me encantó su compromiso por el teatro. Él provenía de Broadway. Me encantaba el modo en que expresaba lo que las monjas necesitábamos hacer en Suor Angelica. La parte en la que hablan de la picadura de abeja, y se puede escuchar la música y las abejas. Él nos mostraba en que él querría que estuviéramos pensando, “¿Puede que haya abejas, nos van a picar?” Una de las chicas terminó llorando por lo bello de su demostración. Esos pequeños tienen un gran impacto, como artista.  Amo a Robert Carsen, también. Él trabaja más con las motivaciones de los personajes. Es quien te enseña por qué tu personaje hace algo. He hecho Falstaff y Rigoletto con él. Su Rigoletto ocurre en un circo; fue una producción increíble y muy bella en Génova.”

Luego de Madrid, Oropesa cantaría en el Festival de Ópera de Rossini en Pesaro, Italia, tanto en la ópera rara de nombre Adina, como en su primer concierto solista con orquesta, por los cuales recibió críticas entusiastas. Su verano en Italia culminaría con la versión de Carsen de La Traviata en Venecia. “Violetta es un personaje que mi madre solía cantar mucho, de modo que lo asocio con ella, pero al estudiar el rol me deprimí mucho; leí el libro y estuve deprimida meses, sin poder siquiera trabajar la música. En general, voy a ver Traviata, me siento entre el público y lloro, pero ahora debería poder razonarla y cantarla. Ahora la estoy cantando, de modo que no puedo sentarme a llorar, sino que debo hacerlo y comprometerme con ello. De todos modos, también lloro cada vez que la canto. Con esta ópera [Lucia] lloro también, especialmente en la noche de estreno aquí, dado que el público fue tan generoso tras la escena de la locura que no sabía qué hacer. No esperaba algo así.”

– Aún si no estando en los planes de momento, ¿hay algún rol de Bel Canto que querrías hacer?
– ¡Sí, Puritani! Lo digo y lo sigo diciendo, I Puritani; nunca tuve la oportunidad. I Capuletti [e i Montecchi], La Sonnambula… Estudié los papeles, sé las arias. Nunca tuve oportunidad de hacerlos. Me gustaría cantar Juliette prontamente. Por ahora, haré bastante repertorio francés. Me encanta cantar en francés, que es de hecho uno de mis idiomas favoritos para cantar. El año próximo, haré Robert, le diable de Meyerbeer y Les pêcheurs de perles [de Bizet]. La música francesa es demasiado alta o demasiado lírica, y no hay tanto más en medio. No soy una coloratura al estilo Lakmé, ni tampoco una Marguerite aún (quizás en unos años más). Pero las óperas en el centro de ese espectro son raras, como Pescadores de Perlas que no se hace tanto. ¿Y quién hace Meyerbeer? Muy poca gente. De modo que tengo suerte de poder siquiera cantar estos papeles. Entiendo que no es el material más fácil de hacer, pero entiendo que luego de Diana Damrau y Juan Diego Flórez, va a comenzar a hacerse más. Creo que es un gran música.

Pocas semanas atrás, una imagen promocional de Les Huguenots en la Opéra de Paris apareció repentinamente en la cuenta de Instagram Oropesa, anunciando ella misma a sus fans que aparecería como Marguerite de Valois en la grand opéra de Mayerbeer, luego de que Diana Damrau tuviera que cancelar su participación. Varios medios se hicieron eco de sus palabras rápidamente, como así también del entusiasmo, siendo su voz cálida y bien colocada de lírico coloratura una de las más demandadas en Europa en los últimos años.

Más adelante, en octubre dividirá seguramente su tiempo entre las funciones de la ópera de Meyerbeer y los ensayos de L’Elisir d’Amore, a estrenarse en la misma ciudad poco después que Huguenots termine, en la Bastille. Se puede escuchar el aria Prendi de Elisir en el último álbum de Oropesa con el pianista Michael Borowitz, Aux filles du désert; en sus propias palabras, “si lo cantas bien, si lo cantas sinceramente, es mágico.”

 

Igualmente mágicas suelen ser las intervenciones de Oropesa en escena, en tanto habita sus personajes con total entrega y de modo discreto, sin llamar la atención sobre sí como cantante, algo aún más evidente dada su fuerte presencia en las redes sociales y el marcado contraste entre sus dos más recientes Lucias y su efervescente y genuina personalidad en cámara. Sumamente activa tanto en Instagram como en Facebook, llama la atención por sus apariciones en YouTube, afables, informativas e, incluso, poco convencionales, en las que discute desde cuestiones concernientes a la aptitud física [ella es maratonista] hasta técnica vocal y sus compromisos venideros.

– Tienes dos opciones: puedes ser el tipo de diva más cercana, de la que todos se enamoran, te aman y quieren ser amigos tuyos, o la que resguarda completamente su intimidad. Y algunos cantantes eligen resguardarse completamente, lo cual está perfecto. Yo no soy así; no es que quiero que todos sean amigos míos, ya que no a todos les gustará mi voz o les gustaré yo misma, y está bien, pero creo, que hasta cierto punto, si tiendes un puente hacia la gente, como persona, y ellos pueden ver que estás dispuesta a compartir y a hablar, eso hace a la diferencia.

 

lisetteoropesa.com

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