Fidelio – Davidsen, Kauffman, Forsythe, Zeppenfeld, Kupfer-Radecky – Royal Opera House

El Royal Opera House de la ciudad de Londres inaugura lo que en varias ciudades del mundo serán las merecidas celebraciones por los 250 años del nacimiento de Ludwig van Beethoven con una nueva producción de Fidelio, con producción firmada por Tobias Kratzer, con Lise Davidsen y Jonas Kaufmann en los roles principales, y la presencia de Antonio Pappano al frente de la orquesta del teatro.

Kratzer divide la propuesta en función de los dos actos de la ópera,con un primer acto más extenso presentado a modo de anticuado melodrama y un segundo acto de teatralidad más contemporánea. Lo que el director ha sabido aquí destilar del drama sentimental, en los términos del propio estilo, fue una suerte de estatismo que no se viene tan a bien con una audiencia moderna y que no fueron ayudados por otra serie de recursos a rescatar al primer acto de un tono monolíticamente grave. Es interesante la inclusión de textos (excelentes, valga decir) de Georg Büchner y Franz Grillparzer y la repatriación de la historia a la Francia revolucionaria original de Léonore ou l’amour conjugal, en que la Beethoven se ha basado, pero sin mayor dinámica, la primera parte de la obra se pierde de explorar y explotar elementos como los aires de inocencia de Marzelline (salvo en lo musical, durante el cuarteto Mir ist so wunderbar, gracias al apoyo experto de las cuerdas de las orquesta) y la liviandad de momentos como el aria Hat man nicht auf Gold beineben cantada por Rocco que hacen que, en consecuencia, momentos anteriores y posteriores carezcan de fuerza dramática suficiente, a falta de contrastes.

Sin lugar a dudas, aunque con sólidas intervenciones musicales por parte de Amanda Forsythe (Marzelline), Robin Tritschler (Jaquino) y Georg Zeppenfeld (Rocco), la participación imprevista de Michael Kupfer-Radecky como Don Pizarro luego de que Simon Neal debiera cancelar su participación por enfermedad y la excelente actuación del coro masculino del Royal Opera House, aquello que da lustre, sobre todo, a la primera mitad es la Leonore/Fidelio de la joven soprano noruega Lise Davidsen. De tono barnizado y fácil proyección, aún con ciertos problemas rítmicos en la coda (algo que se repitió incluso en el aria de tenor y con algunos desajustes a nivel de conjunto más tarde en el segundo acto entre escenario y foso), su interpretación del aria principal fue electrizante. La voz se mueve con total confianza en la extensión de todo el registro, su apuesta apenas superada por ella misma en la segunda mitad de la ópera.

El segundo acto es la propuesta tajante y el logro de Kratzer, con un calabozo en que Florestan aguarda su suerte encadenado a un promontorio rocoso y rodeado de una multitud que no puede, no quiere o no sabe intervenir hasta llegado el final de la obra. La escena se mantiene completamente iluminada con sobrios blanco y negro imperantes, comunes denominadores en los vestuarios que contrastan con la ropa de estilo más viejo que solamente los protagonistas arrastran desde el primer acto hasta que logren fundirse con la multitud en el coral final. Todo esto ocurrirá una vez que los personajes se agencien de su propia capacidad de acción; Marzelline es aquí instrumental en la caída de Pizarro y actúa a la par de Leonore, aunque movida por algo que le es más bien esencial, en tanto mujer, un tipo de amor más amplio que el del amor conyugal representado por la segunda.

Jonas Kaufmann en “Fidelio” (c) Royal Opera House

Jonas Kaufmann comienza su aria en pianissimo, elevándose a un mezzoforte, y ofreciendo a partir de allí una interpretación atenta y comprometida de su aria, pero con la voz algo pesada por momentos y notas agudas, hacia la coda, no afinadas con precisión. Los aciertos de ahí en más fueron in crescendo, con una muy buena interpretación en el dúo (y una Davidsen cada vez más encendida) y un excelente cierre, con la voz de matices oscuros habituales, brillante y exacta. Kaufmann ya había participado en la apertura de la ópera padeciendo un resfrío, con lo cual es de esperar que su interpretación crezca con el correr de las funciones.

Con la función del día 17 de marzo transmitida en vivo en cines de todo el mundo (ver aquí el detalle de salas), la oportunidad está dada para disfrutar de una Leonore excepcional y del binomio Davidsen-Kaufmann en una propuesta inteligente en el segundo acto de la única ópera compuesta por Beethoven.