Aquello de lo que varios concursos de canto venían dando cuenta como promesa, son ya una realidad en la ascendente carrera de la talentosa soprano sevillana Leonor Bonilla (1987).

En el transcurso de apenas una década aproximadamente desde que comenzara a tomar clases de canto, después de haberse dedicado a la danza, Bonilla destaca por la franqueza de su arte. Destacan tanto su desenfado escénico (su cantante italiana famélica en Capriccio en el Teatro Real de Madrid durante la temporada pasada, en excelente compañía de Juan José de León como su partenaire, habría merecido más escenas, si no un spin-off enteramente dedicado a ellos si Strauss aún viviera), cuanto su emisión diáfana y el cuidado en su fraseo y articulación. Baste comprobar esto último con la escucha de su Giulietta, en Giulietta e Romeo de Nicola Vaccaj, la cual sencillamente eleva un ya muy buen registro discográfico.

Entre algunos de sus galardones se encuentran el 1º Premio y Premio Especial del Público en el Certamen de Nuevas Voces Ciudad de Sevilla, el Premio del Público en el Concurso Monserrat Caballé, el 1º premio en la III edición del Concurso Internacional de Opera Santa Cruz de Tenerife (ciudad en la que actualmente ensaya Rigoletto) y, más recientemente, durante la 55ª Edición del Concurso Internacional de Canto Tenor Viñas (2018) el 2º Premio, Premio Plácido Domingo al Mejor Cantante Español, Premio Teatro de La Zarzuela al Mejor Cantante de Zarzuela, Premio Especial del Teatro Real de Madrid, Premio del Público, Premio Opera de Sabadell y Premio Concerlírica.

Con una agenda siempre presente en España e Italia, la carrera de Bonilla deleitará prontamente a nuevos públicos, en tanto esta temporada protagonizará Doña Francisquita, la zarzuela del catalán Amadeu Vives, en Lausanne, y nuevamente Gilda en julio de 2020 en el National Centre for the Performing Arts de Beijing.

– ¿Qué tiene de especial el hecho de que en esta temporada vayas a presentar una zarzuela en la Ópera de Lausanne?¿Es un compromiso más?
– Para nada. Es una responsabilidad porque llevas un género que se reconoce como tuyo, por ser española, fuera de los límites geográficos de tu país. En este caso, además, tiene la dificultad añadida de hacer el texto en francés. Las partes cantadas sí están en español, pero lo recitado estará en francés. Tengo curiosidad de saber cómo suena una Francisquita en francés cuando habla porque no es lo mismo; pierde mucho de la entonación de hablar madrileña y el desparpajo, que no sé cómo se puede traducir, pero estoy deseando ansiosa trabajarlo allí con Lluís Pasqual y ver qué sale. Es una oportunidad muy bonita, y me gusta y me hace feliz que en otros países se escuche zarzuela. Es un género que no tiene nada que envidiarle al singspiel alemán o a la opereta. Es un género muy rico, muy variado, con unas músicas muy bonitas, que entonces debería llevarse más por el mundo. Uno de los beneficios de la gala en honor a la grandísima Montserrat Caballé en la Zarzuela este año fue el de mostrar un montón de talento español y la variedad de las obras y no solo del género lírico, sino también el repertorio sinfónico español que hay de la época nacionalista; esa obertura de La torre del oro es una de mis piezas favoritas, que además yo bailaba cuando era más joven. Yo hacía danza y la hacíamos siempre en el conservatorio, entonces cuando la escuché, casi me echo a llorar porque es una pieza con tanta fuerza, tantos cambios, tanta energía, unas melodías tan bonitas, que no creo que pueda pasar desapercibida a nadie.

– Y ya que lo has mencionado, ¿cómo fue el traspaso de la danza a la lírica?
– Fue muy progresivo, en realidad, porque cuando terminé la carrera en el conservatorio, no tenía en mente estudiar canto ni dedicarme a otra cosa que no fuera el baile. Pero bueno, tú propones y luego la vida dispone y te va llevando por otros derroteros. En este caso para mí fue un camino positivo porque descubrí otro mundo completamente distinto, pero a la vez relacionado con estar en el escenario… ahora cantando. De lo que sí estuve segura siempre es de que yo era feliz estando sobre un escenario, frente al público y con toda esa magia que hay detrás en las cajas y en los camerinos; ahí es donde yo he crecido y donde me siento yo misma. De modo que terminé de hacer danza [en en el Conservatorio Profesional de Danza de Sevilla], luego estuve varios años coreografiando para algunas zarzuelas a nivel muy amateur en Sevilla y luego, antes de plantearme seguir con el superior de danza, empecé a estudiar magisterio de música y decidí primero terminar la carrera, ya que en ese momento yo daba clases en academias de baile e impartía también en gimnasios porque era monitora de jazz y de hip-hop. En la carrera de magisterio descubrí que me gustaba mucho cantar porque había una asignatura de conjunto coral y ahí empecé a meterme más o menos en el canto. En el 2010 tuve un accidente: me caí y me rompí la falange del dedo meñique del pie entonces dejé de bailar por unos meses y en ese tiempo empecé a estudiar otras cosas y, al final, lo vi como una señal.

Leonor Bonilla como Francesca da Rimini

– ¿Cómo te sentiste con la posibilidad de incluir un número de danza contemporánea en Francesca da Rimini [del compositor Saverio Mercadante, en el Festival della Valle de Itria y en el Belcanto Opera Festival en Japón]?
– Imagínate haber dejado la danza, que había sido mi primer gran amor, durante 8 años. Tenía la espinita; me estaba dedicando a otra cosa que me encantaba, como era la ópera, pero había dejado de lado lo que desde pequeña me había dado felicidad. Cuando se lo conté al coreógrafo de aquella producción, a él le gustó muchísimo, introdujo varias partes de ballet y me dijo “Bueno, ¿te parece que cojamos esta parte musical y, en lugar de escenificar contigo, por qué no montamos una pequeña coreografía que tampoco sea muy difícil y la hacemos?”. Pues yo, encantadísima de la vida. Fue muy especial, ya que no siempre se tiene la posibilidad de compaginar las dos cosas. Ahora los directores de escena piden muchísimas cosas, los cantantes de hoy en día tenemos que estar muy preparados en todos los sentidos, a nivel actoral, vocal y físico, porque ya no se estila hacer la ópera de quedarse quieto y cantar y ya está. El público de hoy en día está acostumbrado al cine, televisión con grandes producciones y es muy difícil sorprenderlo.

Leonor Bonilla como Giulietta, en Giulietta e Romeo @ Cecilia Vaccari

Sin embargo, ha seguido provocando sorpresas, ya que, profeta en su tierra, Bonilla debutó el 26 de octubre de 2018 en el personaje titular de Lucia di Lammermoor para el Teatro de la Maestranza y exactamente un año después ha encarnado una Lucia de excepción en ABAO-OLBE. Cuando nos encontramos, aún faltaban unas semanas para su función con Ópera Berri, instrumento de ABAO para ofrecer una única función con el doble objetivo de brindar una oportunidad a un segundo reparto de jóvenes y talentosos cantantes y de que el público pueda acceder a la ópera a precios populares.

– Debutaste el año pasado con Lucia en el Teatro de la Maestranza, que imagino lo especial que habrá sido siendo tu ciudad natal.
– Fue el momento más especial de mi vida sin duda.

– ¿De aquella experiencia hasta ahora en Bilbao, qué crees que puede haber cambiado acerca de tu abordaje de Lucia?
– Si cambió algo, lo veré cuando llegue a la producción, porque ha pasado un año, con lo cual supongo que el papel estará más asimilado, pero también es verdad que depende mucho de la producción escénica, de la concesión del personaje, de qué tipo de Lucia quieran y de la dirección musical. Esta versión en Bilbao es sin corte, y además Riccardo Frizza, que es quien la dirige, entiende muchísimo de belcanto. Con un papel tan importante como Lucia que nunca se termina de aprender. Siempre que volvemos a interpretar un rol vamos añadiendo aspectos técnicos, experiencias de vida. El cómo gestionamos la tristeza, la ira, la enajenación mental que puede tener una Lucia, todo lo que puedas vivir, son ingredientes que van contribuyendo a crear y a alimentar ese personaje.

– ¿Cuáles son las Lucias de referencia para ti?
– De las actuales, diría que la que hizo Lisette Oropesa en el Real, que nos dejó a todos maravillados y siempre que puedo la escucho no sólo en Lucia, sino en todo lo que canta. Tiene una musicalidad única, un fraseo, una manera de cantar y jugar con las dinámicas que sólo lo hace ella y transmite mucho cuando canta, lo para mí es fundamental. Por más que el canto sea perfecto técnicamente, tiene que decir algo y conectar con el que está sentado enfrente. Y otras Lucias… bueno, Callas, que merece escuchársela siempre en todo, y Mariela Devia, grandísimo referente.

Leonor Bonilla como Lucia di Lammemoor en el Teatro de la Maestranza, 2018 @ Roberto Alcaín

En cuanto a futuro, ya sea mediano o largo plazo ¿Cómo vez que pueda llegar a desarrollarse tu carrera?
– La voz espero que no cambie mucho, porque en el repertorio lírico ligero es donde me encuentro bien y hay muchísimos papeles por hacer, pero luego la voz es un músculo y uno no sabe cómo evoluciona, sobre todo en las mujeres. Sí me gustaría afianzar más la parte lírica sin perder los agudos. Me encantaría hacer la Norina y la Adina, personajes más cómicos.

– ¿Con qué roles hasta ahora de los que has cantado o de los que estás estudiando conectas más profundamente?
– Con la Giulietta de Vaccaj conecté muchísimo. Fue un trabajo también muy bonito a nivel actoral. La directora de escena Cecilia Ligorio es muy sensible. Estuvimos un mes viendo escenas de películas como El padrino o El piano, para meternos en la piel de los personajes, y trabajamos mucho al detalle las expresiones en la cara, que casi ningún director de escena de ópera trabaja.

– ¿Cuál es la diferencia en el abordaje o en la preparación de personajes que ya conoces en contraste con estos personajes de Giulietta o Francesca?
– Evidentemente es muchísimo más complejo, porque al no tener una referencia ni auditiva ni visual te dificulta mucho más las cosas: no conoces cómo suena, no sabes las armonías, puedes tocar la melodía con el piano pero no te haces realmente una idea de cómo suena la orquesta. Lo descubres cuando estás en el escenario y llega la orquesta. Eso me pasó con la Francesca, y cuando escuché todos los instrumentos dije “Wow, qué maravilla, y qué pena que esto no se haya escuchado en ninguna parte”, y a la vez te sientes muy responsable por ser la primera que lo hace.

– ¿No sientes que tal vez te da cierta libertad?
– Claro que te da libertad, te da libertad en el sentido de que las cadencias van a ser tuyas, las variaciones son las tuyas, todo lo elaboras mucho más tú; el hecho de no tener también un referente, pues hace que sea mucho más libre y que no estés condicionada por aquello que has escuchado. El resultado final es mucho más tuyo, aunque el proceso de aprendizaje sea más largo. Es un proceso muy complejo y a la vez muy bonito; te sientes una privilegiada de poder descubrir esas partituras que estaban escondidas.

Leonor Bonilla como Giulietta, en Giulietta e Romeo @ Cecilia Vaccari