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Elegante e imponente en su largo tapado rojo, la soprano sueca Iréne Theorin demostró en nuestro encuentro la misma transparencia de su modo de ser, receptivo y con los pies en la tierra, que cuando nos escribíamos. Habíamos comenzado conversaciones en octubre pasado para una potencial entrevista, cuando aún sólo estaba contratada para tres de las representaciones de la premiere mundial de la producción de Robert Wilson de Turandot, de Giacomo Puccini, en el Teatro Real. Hasta ese entonces, su compatriota, la soprano Nina Stemme, sería quien encabezara el elenco en la mayoría de las fechas, junto a Oksana Dyka y la propia Theorin, antes de que Stemme se retirara de la producción por problemas de salud. Fue alrededor de aquellos días, mientras Theorin interpretaba a Ortrud exitosamente en la Opera Vlaanderen, que escribió un breve y encantador mensaje sobre la ‘princesa de hielo’ y el impacto que el personaje ha tenido en su carrera [el cual tenemos el placer de publicar junto a esta entrevista; ver ‘Carta de Turandot‘.]

Mientras la visión de Wilson acerca de Turandot era (apropiadamente) aún un enigma para Theorin, el fructífero y posiblemente confuso periodo de ensayos ha conducido a una nueva estimulante actuación por parte de la soprano. La coreografía restrictiva del director estadounidense no ha hecho más que proveer a Theorin de una plataforma con la que magnificar su paleta expresiva. El relato modesto de las horas frente al espejo de su piso aquí en Madrid, calculando con cuidado cada movimiento de sus manos como le fuera impartido por Wilson, se asemeja al modo en que narra su ascenso a haberse transformado en unas de las sopranos más solicitadas para paples wagnerianos, así como en roles como Elektra [de Richard Strauss] y Turandot. Efectivamente, la práctica hace al maestro, y en tanto los desafíos técnicos con los que puede haberse topado no distan de los que han enfrentado sus colegas, su timing, habiendo comenzado su entrenamiento profesional a los 27 años y debutando luego a sus 33, ciertamente lo es. «Podría haber una versión larga y una corta de esta historia, y la versión corta es que comencé el Gymnasium [bachillerato preparatorio para la universidad] de Música y quedé embarazada, de modo que lo dejé. Pasé un año en la escuela, y luego, en el lapso de 7 años tuve tres hijos. Después del tercer varón, un vecino comenzó a tomar lecciones de canto y pensé ‘Si él puede hacerlo, yo también.’ »

– ¿Fue ese tu primer contacto con el mundo de la ópera o del canto?
– Oh, no… Soy una chica del campo y, desde niña, tocaba la trompeta – era bastante buena -, de modo que estaba acostumbrada a tocar la trompeta en la iglesia en grandes celebraciones. Más tarde, en el  Gymnasium tuve algo de entrenamiento de canto. Estudiaba canciones, pero era aún una adolescente, no lo suficientemente madura para hacer repertorio más grande… Después de ese hiato que he mencionado, comencé la universidad alrededor de mis 27-28 años. La profesora me dijo después de un par de clases – solía tener unos 20 minutos cada dos semanas -, me dijo «Quizá deberías intentar ir a la universidad», así que lo intenté y no ingresé, pero los maestros llamaron a mi profesora de canto y preguntaron «¿Quién demonios es esta chica?» (Risas.) Había aplicado el último día y no estaba muy preparada. Ahora no recuerdo exactamente qué es lo que canté primero, pero sí recuerdo que estaban interesados y que dijeron «Necesitamos escuchar Voi che sapete, Cherubino». Entendí más tarde que querían ver qué tan flexible era y si sabía lo que estaba haciendo; canté por intuición, supongo, y les gustó porque obtuve el puntaje más alto en canto ese año, pero no pasé los exámenes teóricos, con lo cual no logré ingresar, finalmente. Luego, continué cantando y comencé un curso que culminaba en una masterclass con Birgit Nilsson y otro profesor. Muchas personas de la Universidad de Gothenburg estaban allí. Canté el aria de la Condesa [también de Le Nozze di Figaro]. Inmediatamente después, el director de la universidad me llamó y dijo «Si estás dispuesta a comenzar, tenemos un lugar para ti y queremos que comiences el lunes.» Así es como fui a la universidad durante un año. Fue un momento muy duro, dado que viajaba semanalmente, pasando 5 días allí y luego los fines de semana en casa. A la vez, había audicionado para el coro de la Ópera de Gothenburg. Al principio, tomaba algunos cursos en la universidad, mientras trabajaba a tiempo completo en el coro y como madre, pero eso apenas funcionó durante dos meses y medio. Tuve que dejar la universidad, lo cual me dio miedo, verdaderamente…

– ¿Y cómo fue que llegaste a estudiar en Dinamarca a posteriori?
– Bien, continué audicionando para distintas escuelas de ópera. Recuerdo que luego de la primera audición que realicé en Dinamarca, me dijeron «Nos tienes que decir ahora si quieres estudiar aquí o no, porque vemos que tienes una audición para otra escuela en Suecia también. Queremos saber si querrías quedarte aquí». Y en aquel entonces, habiendo adquirido algo más de experiencia de vida, no sentí mayor presión al respecto y en un nanosgundo pensé «¿Qué podría pasar si dijera ‘no’ después? No voy a ir presa por ello, así que por supuesto dije que sí, SÍ, ¡quiero quedarme aquí!» (Dice de modo entusiasta. Risas.). También me preguntaron qué profesor querría y después me consultaron por una segunda opción… y les dije ‘Nadie. Es esa profesora o nadie’.

– ¿Quién era la profesora?
– Susanna Eken. Y ese fue el momento en que de veras me tomé tiempo para construir mi voz.

– ¿Cuánto llevó ese proceso?
– Fueron tres años en la escuela de ópera y luego también obtuve un certificado y un masters en lieder. Finalmente, fueron de hecho tres años y medio. Y durante ese último año obtuve un contrato en el ensamble de la Ópera de Copenhague… y lo logré, ¡obtuve mi diploma!

Theorin no es de tomar atajos, claramente. Conquistó todos y cada uno de los desafíos a su paso como buena mujer de campo que es, a fuerza de trabajo duro y perseverancia, dando pruebas (mayormente a sí misma) de que estaba perfectamente a la altura de los colegas suyos que había crecido con una formación musical. «Cuando comencé, siempre sentí que no sabía lo suficiente por el contexto del que provenía, pero después de tanto trabajo, lo primordial ha resultado aprender a ser más amable conmigo misma. Hoy es esto lo que puedo hacer, mañana ya veremos… Siento que estoy más tranquila ahora. Aunque sería injusto juzgarme a mí misma de más joven, ya que creo que hacía lo mismo que hago ahora, salvo que hoy por hoy tengo más experiencia, lo cual facilita las cosas».

Como mencionaba antes, en su ‘Carta de…’, Turandot es una ópera que la ha acompañado por más de 100 funciones, y siguen sumándose representaciones. Como lo atestigua su duradero vínculo con el Gran Teatre del Liceu en Barcelona, por otra parte, una semblanza de su arte no estaría completa sin considerar sus aclamadas presentaciones con personajes de Richard Wagner como Brünnhilde e Isolde. Es en el libro Diálogos sobre música y teatro: Tristán e Isolda, conversación mantenida entre Daniel Barenboim y Patrice Chéreau, donde el modo en que el último describe a Isolde en el primer acto suena como si de Turandot se tratara: una mujer agraviada, cuya herida sirve de punto de partida a la trama de la ópera. «Alguien de hecho me preguntaba en una entrevista en estos días… Brünnhilde, Isolde y Turandot son efectivamente muy similares, en tanto que sienten que ya no pertenecen y buscan un cambio.»

– Al mencionar estos tres personajes juntos y, considerando que en varias oportunidades has mencionado a esta persona como alguien relevante en tus años de formación, aunque resulte un lugar común, debo preguntarte sobre ella…
– (Se inclina hacia mi grabador sobre la mesa del bar de tapas en que nos encontramos y dice firmemente) BIRGIT NILSSON. (Risas.)

– ¿Cómo te sentiste al participar de la Gala por el Centenario de Birgit Nilsson en mayo de este año?
– Fue tan divertido. Nunca había cantado junto a todas estas sopranos que interpretan el mismo repertorio que yo. Alguien me preguntó hace tiempo acerca de que no tuviera amigas que canten mi mismo repertorio… (Imita una risa maléfica.) No lo hizo con buena intención, pero la verdad es que simplemente no te encuentras con la gente que canta mayormente tu mismo repertorio. Y aquí fue exactamente lo opuesto y fue grandioso. Todas sentíamos lo mismo y la pasamos muy bien haciéndolo juntas. De todos modos, Nilsson fue única, por supuesto.

– ¿Hacia dónde imaginas que virará tu repertorio?
– Siento que tengo la suerte de no haber alcanzado el punto más alto de mi carrera aún, lo cual podría haber ocurrido por mi edad. Cuando eres nueva, todo es nuevo, pero he tenido el mismo repertorio por tanto tiempo, que podrías despertarme en plena noche y podría empezar ‘Dich teure Halle…’ (Risas.) y cantarlo al revés incluso. Es algo grandioso. Ahora bien, con un personaje nuevo, me gustaría tener la misma sensación que tengo cuando canto Brünnhilde o Isolde, pero no tienes esos 10 años de experiencia en el rol como referencia, así que… (Hace como si se quedara sin aliento.)

– ¿Qué puedes decirme de  Ortrud en Lohengrin?
– Ortrud fue algo nuevo y me encantó, pero fue un poco diferente porque yo ya había hecho Elsa antes, así que conocía la ópera y los personajes. La Gioconda es nueva para mí ahora, la cual haré en el Liceu en Barcelona; ni siquiera he cantado el aria antes. Recuerdo hacer Die Frau ohne Schatten y pensar ‘No podré hacerlo’, pero tan pronto como llegué al teatro en Berlín para los ensayos pedí ayuda… una vez allí, todo funcionó de maravillas, pero sentí miedo.

– Por ahora, puedes enfocarte en Turandot, papel que, asumo, te resultará más cómodo.
– ‘Cómodo’… ¿hay alguien que se sienta cómoda con Turandot? No lo creo. Una aún debe ser cuidadosa.