Entrevista a Florian Sempey

Acaso resulte difícil pensar en otro barítono joven para expresar la noblesse que se descubre en el personaje del Comte de Nevers en Les Huguenots de Giacomo Meyerbeer. El barítono Florian Sempey estudió piano, antes de probarse en el canto, estudiando más tarde en el Conservatorio Nacional de Burdeos en el año 2007 y realizando su debut sólo tres años después como Papageno en Die Zauberflöte de Mozart y Moralès en Carmen de Bizet.

Es asimismo en 2010 que forma parte del Atelier Lyrique de l’Opéra de Paris, que le da la oportunidad interpretar diversos papeles. París y su escenario lírico no le son, pues, extraños. En esta oportunidad, regresó para integrar un elenco encabezado por las sopranos Lisette Oropesa y Ermonela Jaho, así como el tenor Yosep Kang (en reemplazo, pocos días antes del estreno, del tenor estadounidense Bryan Hymmel) y el bajo Nicolas Testé. Nuestra entrevista transcurrió en el familiar, al menos para los cantantes integrantes del elenco que solían reunirse allí, Les Associés frente a la Opéra Bastille, donde comenzamos distendidamente a discutir la producción de Andreas Kriegenburg de la ópera de Meyerbeer.

Florian Sempey.- Cuando Andreas nos presentó por primera vez la producción, nos dijo que su intención era situar la ópera en el futuro, dado que no se modifica el modo en el que vemos la religión, y todo esto que vivimos es un gran círculo que regresa. Son siempre las mismas escenas: gente que cree en un dios, asesinando a otra por creer en otro. Es una situación que no parece evolucionar (1). Ojalá podamos abrir nuestra mente y nuestro corazón a tiempo, antes de que sea demasiado tarde.

– ¿Cómo te sientes con el hecho de que la producción esté llegando a su fin?
– Bueno, desafortunadamente. Es una sensación extraña; me gustaría poder continuar con esta serie de representaciones. Llevamos en París ya tres semanas y el espectáculo está lleno de energía, música con sentimientos grandiosos, maravillosos colegas, una gran producción y un gran director de orquesta [Michele Mariotti]. Al mismo tiempo, mi próximo compromiso es Rossini, La Cenerentola. Y en mi corazón, verdaderamente, está Rossini. Lo llamo “mi maestro” porque es gracias a él que comprendí la técnica vocal, gracias a su música. Pero desde ya, quiero disfrutar de esta dos últimas actuaciones porque amo esta música.

– Es sabido que eres sumamente meticuloso en cómo planeas tu repertorio y, cuando se trata de Meyerbeer, que se realiza de modo tan infrecuente, asumo que no habrá sido parte de un plan inicial.  ¿Cómo llegó esta oportunidad?
– La Opéra de Paris quería hacer una gran, gran producción de una obra de Meyerbeer. No sabíamos que se trataba de Les Huguenots al principio, pero claramente es muy importante que se haga porque fue creada aquí y fue una de las más interpretadas y luego olvidada, completamente olvidada. Es difícil de interpretar, difícil de cantar, pero sumamente interesante y apasionante. Hay pequeños detalles de la música que permiten que uno aprenda sobre el estilo compositivo, el modo de hacer esta música y de cantarla, pero incomprensiblemente durante la primera mitad del siglo XX fue olvidada. Felizmente, en próximas temporadas, actuaré en L’Africaine y Dinorah / Le Pardon de Ploërmel, mi obra favorita de Meyerbeer. Como cantante francés, me hace verdaderamente feliz poder cantar su música, porque es importante poder hacerla conocer a las nuevas audiencias de hoy día. Lo mismo con otras obras; por ejemplo debuté en Berlín con La Favorite de Donizetti con Elīna Garanča y fue mi primera vez como Alphonse, ¡y se trató de la versión francesa! Porque se hace habitualmente en su traducción al italiano y no en el original francés. Deutsche Oper está reponiendo mucho repertorio de este tipo [incluyendo incluso las óperas de Meyerbeer, que han sido presentadas sucesivamente durante las últimas temporadas].

– ¿Y qué puedes decir de Nevers en Les Huguenots?
– Es un personaje interesante por cómo se modifica a lo largo de la ópera en tanto se mantiene fiel a sí mismo. Él no quiere traicionar su religión, ni su convicción sobre un dios que es igual para todos, sin importar si eres católico o hugonote. Aún más que eso, él privilegia el placer, el bienestar; Dios es placer para él y dice claramente que, cuando sueña, cuando se sienta a una mesa a comer y beber, se olvida del universo por completo. Cuando comprende que De Bris quiere asesinar a los hugonotes en París durante la noche de San Bartolomé, él se mantiene fiel a sus ideas. El papel, de todos modos, es corto. Creo que de lo que más he aprendido en esta producción es a mantener y manejar mi energía, dado que es la ópera más larga en la que he participado. En cualquier caso, es una música que me apasiona; Meyerbeer es el más italiano de los compositores franceses, y por eso es que me encanta, porque soy un barítono francés, pero mi madre es italiana, de modo que lo llevo en la sangre.

– Has comentado en otras entrevistas acerca del busto de Rossini que preside tu sala desde el piano.
– [Risas.] ¿Lo leíste? Sí, perteneció a mi abuela. Cuando murió, mi abuelo me lo dio, me dijo “Ahora es tuyo”. Mientras aprendo nuevos personajes, lo observo y siempre que hay algo difícil que comprender o aprender en la partitura, simplemente me detengo, no presiono la voz, lo miro y le digo “Ayúdame, maestro”. Meyerbeer compuso la música más rossiniana posible en francés, está lleno de dificultades y eso es lo que aprecio de mi trabajo, ya que en tanto tienes dificultades vocales a resolver, tienes posibilidades de seguir mejorando.

– En relación al modo de planear tu carrera, has hablado en muchas oportunidades de la importancia de mantener la flexibilidad vocal.
– Trato pensar mi carrera de modo de cantar el mejor repertorio para ayudar a que la voz crezca de buena manera, que pueda evolucionar manteniéndose con brillo, fresca, fluida. Lo más importante para mí es la flexibilidad. Si sintiera, en algún momento, que ya no puedo hacer coloratura, me sentiría fatal y pensaría que no estoy interpretando el repertorio adecuado para mi voz. Considero que no cantaré Verdi quizás por ocho o diez años más. Quiero hacer Mozart, belcanto, puedo cantar los Rossini y piezas del repertorio francés que pueda cantar pero no todo lo que quiera, para mantener una voz saludable.

– Lo cual te da la posibilidad, mientras tanto, de explorar nuevo repertorio.
– Claro que sí. Por ejemplo, Rameau, que me es muy querido. Es la primerísima ópera francesa con la que contamos. La música es maravillosa, pero, una vez más, es un estilo muy difícil de entender y cantar. Pero no deja de ser la base para desarrollar una técnica vocal flexible. Si puedes cantar Rameau, si puedes cantar Mozart, entonces puedes cantar lo que quieras después.

– ¿Y qué crees que vendrá después?
– Hamlet, por supuesto, si de repertorio francés se trata. Y lentamente prepararme vocalmente para cantar Verdi, como decía, en unos diez años. Espero que el primero sea Ford en Falstaff. Y ahora bien, si se tratara de un personaje en particular de Verdi, no pienso en principio ni en Rigoletto, ni en Germont, sino en Nabucco. Quiero cantar Nabucco. Amo sus arias, la música, la historia de este rey traicionado por su hija, que va a prisión y luego resurge para combatir. Amo el dúo con Abigail. Siento que es para mí [risas], pero, claro, no aún, es demasiado pronto…

En tanto aguardamos el momento en que Sempey se aventure a responder a las demandas de las composiciones verdianas, aparte de los Meyerbeer que ya anunciara, lo esperan, en lo inmediato y fiel a sus planes, su adorado Dandini, Papageno y la posibilidad de un Hamlet en concierto a mediado a del año entrante con Diana Damrau en el papel de Ophélie.

 

Enlace al sitio oficial de Florian Sempey

 

NOTAS AL PIE

(1) En el libro publicado por la Opéra de Paris en ocasión de la producción de Les Huguenots, hay un espacio reservado a un comentario del director de escena, intitulado justamente, El eterno retorno, en clara referencia a la obra del rumano Mircea Elíade y por los motivos que aquí cita Sempey.