Marina Rebeka y su sello Prima Classic presentan un exquisito nuevo registro. Titulado Elle, el disco se propone como introducción moderna al repertorio lírico francés decimonónico, acompañada por el joven director de orquesta alemán Michael Balke y la Sinfonieorchester St. Gallen de Suiza.

Con una técnica sólida que la habilita, como tal, a echar mano a infinidad de recursos, el trabajo de orfebrería de Rebeka en su línea de canto es inmaculado, y el repertorio francés seleccionado ofrece a la cantante la oportunidad ideal para lucir su tino en el fraseo, un fiato envidiable y un cuidado tratamiento de una lengua que no deja de plantear problemas a más de un cantante.

La apertura con Depuis le jour de la ópera Louise de Gustave Charpentier revela de manera brillante su estilo sutil que resulta irresistible tanto por la cualidad vocal de la soprano cuanto por el acompañamiento en perfecta sintonía que le ofrece la batuta de Balke, con quien ya había unido fuerzas para una sobresaliente versión discográfica de La Traviata, de Giuseppe Verdi.

La riqueza de la propuesta radica sin duda en este estilo particular de la soprano, su atención al detalle en la caracterización para cada una de las arias y el modo en que atiende a cada palabra. Desde la inocencia y un cierto aire de retraimiento en el aria de las joyas de Marguerite, de Faust (de Charles Gounod; un personaje que interpretara magistralmente en Riga en 2017 y en la apertura de la temporada 2018/2019 del Teatro Real de Madrid) hasta la dimensión trágica, aunque comedida, que adquiere su Pleurez, pleurez, mes yeux, de Le Cid (Jules Massenet), pasando por una Carmen (Georges Bizet) seductora en la que prima sin embargo la sagacidad, hasta la urgencia casi confesional de la despedida de Manon (Jules Massenet) a la vida que llevaba con Des Grieux, Rebeka honra lo particular en cada obra, aún sin dudas con un sello que unifica a todo el álbum, en base a una elegancia que es su sello de calidad, aunque a veces malentendida como desapego, y un modo menos necesariamente arrojado que el que desarrollara en un disco como Spirito, de corte netamente belcantista.

En el año 2016, Rebeka tuvo la oportunidad de interpretar una exitosa versión de Thaïs, también de Massenet, en el Festival de Salzburgo junto a Plácido Domingo y Benjamin Bernheim. Es de agradecer que hayan sido incluidas también en este álbum dos piezas de la obra, incluyendo un Dis-moi que je suis belle de excepción (de centro mórbido lleno de squillo, la voz se encuentra aquí en su elemento, coronada el aria con un sobrecogedor y excelentemente apoyado y sostenido re sobreagudo) y el breve y lírico recitativo O messager de Dieu.

Curiosamente, el disco incluye también un bello fragmento de L’enfant prodigue (una scène lyrique o cantata en un acto compuesta por Claude Debussy, sobre texto de Édouard Guinand), el desesperado L’année, envain chasse l’année… Azaël! Azaël!, otro de los más gratos momentos de un álbum perfectamente curado y que suma otra valiosa contribución al catálogo de Prima Classic.