Diálogos sobre música y teatro: Tristán e Isolda

COLECCIÓN: El Acantilado, 368
TEMA: Música
AUTORES: Daniel Barenboim y Patrice Chéreau
EDITOR: Gastón Fournier-Facio
TRADUCTORES: Francisco López Martín y Vicent Minguet
ISBN: 978-84-17346-01-0
EDICIÓN: 1ª
ENCUADERNACIÓN: Rústica cosida
FORMATO: 13 x 21 cm
PÁGINAS: 208

¿Cómo no recomendar sencillamente la lectura de este ejemplar? Cabe decir que, aún si no se lo hubiera leído, la sola promesa de una conversación seguramente estimulante entre dos notables artistas, como lo son el director de escena francés Patrice Chéreau y el director de orquesta argentino-israelí Daniel Barenboim, acerca de una de las cumbres musicales de la historia, merece su lectura. Pero es justamente mediante una lectura atenta, que la premisa se confirma.

Gastón Fournier-Facio habilitó y registró el diálogo que entre ambos se extendió desde que la producción en que trabajaban conjuntamente de Tristan und Isolde diera sus primeros pasos en la Scala de Milán en el año 2007, sumando intervenciones que al año siguiente completaran Chéreau y Barenboim desde París, y Berlín y Oslo, respectivamente. Fournier-Facio anticipa la misma preocupación que ya citáramos en una reseña dedicada al compendio de ensayos sobre cine y la obra de Wagner publicada por fórcola Ediciones, y es aquella sobre el valor que efectivamente podría agregar un nuevo volumen a la ya abultadísima colección de estudios sobre el compositor de Leipzig. No más comenzar a leer el diálogo entre ambos artistas, todas las dudas quedan despejadas.

Con unos primeros intercambios dedicados a aclarar, por si fuera necesario, lo específico del métier de cada uno de ellos como director de orquesta y director de escena, así como el respeto mutuo que se profesan, la estructura dada al volumen permite irnos adentrando en la profundidad y meticulosidad, primeramente, del trabajo montado por Chéreau y, más tarde, de las particularidades musicales de la partitura, de la mano de Barenboim.

Chéreau confiesa haber rechazado dirigir la obra en varias oportunidades hasta llegar a colaborar en ella con Barenboim, y que el motivo principal habría sido la falta de madurez. El aplomo con que habría dirigido Die Walküre (refiriéndose, en especial, al primer acto) en la década de 1970 habría generado la odiosa demanda, en repetidas oportunidades, de que ya fuera hora de que se le atreviera al Tristan, algo que, aún habiendo montado sinfín de escenas amorosas (allí ponían el acento quienes lo instaban a dirigir la ópera), Chéreau entendía como erróneo. Ambos coincidirán a lo largo del relato, y se irá haciendo más patente en tanto el lector se aproxime al final de la publicación, que hablar de Tristan und Isolde como una ópera sobre el amor es reduccionista, cuando se debería, por el contrario, hablar de muerte, del arco que sólidamente Wagner traza musical y teatralmente, en tanto que el modo en que situaciones y melodías se engarzan a lo largo de la ópera sin posibilidad de resolución sólo encuentran reposo en los acordes finales del Liebestod, la famosa muerte de Isolde.

Chéreau acuña, asimismo, el concepto de invención ideológica en referencia a cómo la insistencia de Tristan hacia Isolde no es determinante para calificar a la escena del Liebesnacht de dúo amoroso, sino que sirve a la instauración de una filosfía de la muerte (a lo cual Barenboim adhiere), un proyecto último al que Isolde, no sin reproches ni dilaciones, finalmente lo acompañará dispuesta.

La conversación pone sobre el tapete también cuestiones de índole meramente prácticas, preguntas a las cuales ninguno de los dos tienen respuestas, o a las que pueden ofrecer respuestas parciales que no admiten jamás como resolutivas y de las cuales desconfiarán siempre que se alejen del texto original (para el caso, es de sumo interés la extensa discusión en la primera sección del libro acerca del rechazo de ambos por “la interpretación”, o las instancias en que das Konzept corre el riesgo de superar la propuesta primigenia del compositor).

Es un diálogo honesto, excelentemente editado, que descubre claves de lectura de la obra de Wagner, a la vez que el oficio de ambos y el enorme trabajo involucrado en la preparación de una pieza lírica. Cualesquiera sean las ideas que un director o un músico tengan sobre una obra, a fin de cuentas, en palabras de Chéreau, “El método es ponerse a trabajar”.