Suena el primer acorde de la sinfonía, en su concepción barroca, que da comienzo a la ópera y, con ella, a todo el aparato tras del cual, descubriremos, se encuentra Agrippina. Hija de, esposa de, madre de, pero Augusta por derecho propio (ver nuestra crítica de Agripina, de Emma Southon, citada aquí en el programa de mano), Georg Friedrich Händel y su libretista Vincenzo Grimani, han reimaginado los avatares de un momento en la vida de esta mujer poderosa que, como tal, no podía ser representada más que de modo ominoso… traicionera y manipuladora, la caja escénica parece haber sido diseñada a imagen y semejanza de la protagonista: fría, con mil aristas, lista para todos y cada uno de los reveses de la trama, que por momentos se perfila comedia de enredos, por otros, tragedia; la tragedia de una mujer y de quienes a ella la rodean, presos todos de las maquinaciones de la primera.

Así como el dispositivo escénico, símil oficina (a fin de cuentas, lo que aquí está en cuestión es la administración del imperio), reacciona en primera instancia al estímulo de la orquesta (aquí, la Orchestra of the Age of Enlightenment), todo se motoriza a partir de la propia Agrippina. El director australiano Barrie Koski y su equipo creativo han comprendido el rol de Agrippina, justamente, como quien mueve los hilos de la trama, yendo un paso más allá: conjuntamente con la mezzosoprano Joyce DiDonato como la protagonista, esta Agrippina extiende sus dominios por fuera de la escena, rige incluso sobre orquesta y público.

Joyce DiDonato (Agrippina) © ROH 2019, foto de Bill Cooper

Desde la última vez que había escuchado a la dupla DiDonato – Franco Fagioli (Agrippina y Nerone, respectivamente) en Madrid, durante la gira junto al mismo director de orquesta que en esta ocasión, el enérgico Maxim Emelyanychev, y parecerá obvio que lo mencione dado que la primera fue un concierto, los personajes han ganado dirección. En la primera parte de aquella presentación, las voces gloriosas estaban efectivamente allí y también la dirección musical precisa, pero sin embargo, no parecía haber aún mayor acuerdo acerca del devenir dramático de los personajes, de lo que profundamente deseaban más allá de lo que dijeran (quizás con la excepción de un eximio Xavier Sabata, en aquella oportunidad). Esta Agrippina es el resultado de un vínculo madurado con el personaje y de una dirección atenta por parte de Koski, quien ha sabido guiar a los cantantes en las búsquedas de sus personajes.

Tanto DiDonato como Fagioli han compuesto aquí madre e hijo soberbios en su interpretación. DiDonato ha echado mano al acerbo interminable de artilugios técnicos de los que es capaz, siempre en pos del desarrollo dramático de la obra. La Agrippina de DiDonato supo regir suprema sobre el foso, el auditorio, y el resto del elenco, sirviendo de pivot para la construcción de los demás personajes. Ninguna relación entre cada uno de los personajes era idéntica a la otra. El magnetismo animal entre Agrippina y el excelente Pallante de Andrea Mastroni, poco tenía que ver con lo que proponía a ella la presencia del timorato Narciso, en una muy buena interpretación de de Eric Jurenas. Fagioli, por su parte, habitó la piel tatuada de un Nerone de matices variopintos y un agudo sentido del humor, excelente en todas sus intervenciones, e incluso interactuando con el público brevemente desde la platea durante una parte del primer acto.

Iestyn Davies (Ottone), en Agrippina © ROH 2019, foto de Bill Cooper

Seguramente la interpretación más sensible de la noche haya sido la de Iestyn Davies en su composición de Ottone. Espléndido actor, la primera parte, a mitad de camino del segundo acto, no podría haber tenido mejor final que con su aria Voi che udite il mio lamento. La soprano Lucy Crowe, por su parte, fue digna rival de Agrippina… así como de las exaltadas coreografías y de las escaleras impuestas por la visión escénica de Koski, de lo cual emergió victoriosa en una actuación ejemplar en su vivacidad y en el rapport construido con el público. El bajo italiano Gianluca Buratto, imponente a nivel vocal, ha sido muy gracioso como el Claudio lascivo que le ha tocado interpretar, en tanto, José Coca Loza, como Lesbo, el personaje con menos intervenciones, ha dado una actuación convincente, en perfecta sintonía con el resto del elenco.

Esta temporada es interesante, por decir lo menos, en que desde la gira que DiDonato ha realizado con Agrippina durante la temporada anterior y de la cual ha habido un registro discográfico aún sin fecha de lanzamiento segura, nos permite ahora disfrutarla por primera vez en una escenificación de la misma de la que, esperemos, haya grabaciones, mientras esperamos para verla una vez más, en otra nueva puesta en el Metropolitan Opera House de la ciudad de Nueva York en pocos meses más.

Agrippina - Royal Opera House
Joyce DiDonato (Agrippina), Franco Fagioli (Nerone), Andrea Mastroni (Pallante), Eric Jurenas (Narciso), José Coca Loza (Lesbo), Iestyn Davies (Ottone), Lucy Crowe (Poppea), Gianluca Buratto (Claudio). Orchestra of the Age of Enlightenment. Director de orquesta: Maxim Emelyanychev. Director de escena: Barrie Koski. Asistente de dirección: Johannes Stepanek. Diseño de escena: Rebecca Ringst. Diseño de vestuario: Klaus Bruns. Diseño de luces: Joachim Klein. Dramaturgia: Nikolaus Stenitzer.Funciones desde el 23 de septiembre hasta el 11 de octubre de 2019.
100%Nota Final