El Metropolitan Opera House de Nueva York acierta una vez más con una transmisión en HD en vivo en cines desde el teatro en una sólida propuesta musical y actoral de la obra Agrippina, de Georg Friedrich Händel.

En la vena de narrativas literarias y televisivas que proponen un mundo en que el Tercer Reich nunca hubiera acabado, David McVicar se propone una versión de Agrippina en una Roma que de modo similar habría extendido sus dominios hasta nuestras épocas. Aunque atractivo, el planteo no resultaría claramente perceptible si no fuera por el hecho de que la premisa fuera revelada por él mismo en una entrevista brindada durante la transmisión, en tanto no hay elementos concretos de interés actual que lo denoten, salvo los más generales en referencia al vestuario o, por ejemplo, a las calles de una gran ciudad como podría ser la propia Nueva York, con Poppea bajo la lluvia no pudiendo encontrar un taxi de vuelta a casa. El aspecto visual, en suma, no es muy distinto de otras transposiciones temporales, en ese sentido. En cualquier caso, con cierto erratismo durante un primer tramo de la obra, la producción entra en un curso sumamente entretenido y cohesivo en sus recursos, capaz de generar nuevo sentido y con una dirección de actores que se ajusta más, a medida que avanza la acción (el tratamiento en detalle de la escena del bar durante la segunda parte es muestra de ello).

Aún cuando hubiera sido de apreciar la participación de una orquesta de instrumentos barrocos, Harry Bicket demuestra su experiencia en la materia, logrando un buen balance en la orquesta.

Con Joyce DiDonato a la cabeza del reparto, y sobre cuya Agrippina ya hubiéramos hablado en oportunidades anteriores con motivo de su presentación en tour en versión de concierto y con la producción de Barrie Kosky en Londres, no se puede agregar más que lo evidente en una artista de se talla: la capacidad que posee de seguir ahondando, con cada presentación, en la interpretación de un personaje que, clara en sus propósitos, sabe presentar sus contradicciones, haciéndola atrapante. Una vez más, su Pensieri, voi mi tormentate! se transforma en uno de los momentos cúlmines de la obra. El modo en que la mezzo explora creativamente los extremos de su registro aporta crudeza, del mismo modo en que la manera en que transita los silencios da cuenta de lo inflamado de sus maquinaciones por el poder.

Kate Lindsey como Nerone en “Agrippina” de Händel. Foto: Marty Sohl / Met Opera

Inmediatamente antes de que DiDonato interpretara el aria mencionada, Kate Lindsey (un hiperquinético Nerone) ofrece una versión del aria Quando invita exactamente al mismo nivel. La voz maleable de Lindsey se funde por momentos el entramado orquestal y da con otro de los momentos musicalmente mejor logrados de la velada. La actuación de Lindsey es, a su vez, destacable en su corporalidad, la voz perfectamente integrada a su apuesta física.

Aprendiz de Agrippina, la Poppea de Brenda Rae, en su debut en el Metropolitan, ha resultado impecable. La suya es una voz con squillo, de tonos cálidos y brillantes, demostrando la misma intrepidez que sus compañeras en escena, sorteando las nueve arias del personaje con maestría.

Brenda Rae como Poppea y Joyce DiDonato en el rol principal de “Agrippina”. Foto: Marty Sohl / Met Opera

Iestyn Davies, como también notáramos en su presentación en el Royal Opera House, es un noble Ottone en perfecta contraposición, incluso en su modo de producir el sonido, con las más briosas interpretaciones de DiDonato, Lindsey y Rae. El bajo Matthew Rose hace una composición adusta de Claudio; son, asimismo, correctas las participaciones del bajo Duncan Rock como Pallante y de Christian Zaremba como Lesbo, sirviente de Claudio. Aunque breves, son de destacar las intervenciones de Nicholas Tamagna como Narciso, tanto por la convincente y graciosa construcción de su personaje cuanto por su elegante prestancia vocal.