Película documental Absolute Wilson

Absolute Wilson.

Es el título con que la directora Katharina Otto-Bernstein dio a conocer el retrato cinematográfico en clave documental del afamado director Robert Wilson en la edición del año 2006 del Festival Internacional de Cine de Berlín (Berlinale). Retrato absoluto en tanto que intenta cubrir la suma de la producción del director originario de Texas hasta el momento del estreno, al mismo tiempo que estableció el lazo entre su vivencias personales y las visiones absolutas, netas, absolutísimas de sus propuestas.

Un vistazo a la biografía de Bob Wilson según la presenta el sitio web del Watermill Center – el laboratorio de las artes y las humanidades fundado por él mismo en el año 1992 -, ofrece con justeza un recorrido por lo vasto de su producción (la creación del colectivo The Byrd Hoffman School of Byrds a mediados de los años 60s y el desarrollo de trabajos suyos como Deafman Glance (1970), A Letter for Queen Victoria (1974‐1975) y Einstein on the Beach (1976), la ópera compuesta junto Philip Glass, entre otras obras líricas no contemporáneas que produjo) y los vínculos artísticos forjados a lo largo de su carrera (como el propio Glass, Lou Reed, Tom Waits, Susan Sontag, Heiner Müller, William Burroughs, Jessye Norman y Laurie Anderson), así como la gran cantidad de premios cosechados.

Si bien el formato del film no se aleja del formato convencional de los documentales estadounidenses concebidos para la televisión (la apertura con logo de HBO nos da un indicio), indudable y  afortunadamente la obra de Otto-Bernstein ofrece tanto más que un listado de hitos, conocidos y méritos, y hace gala de una gran variedad de material, que se podría haber presumido inaccesible incluso, con la intención de que converjan en su narrativa todos los Wilsons posibles: el niño diferente, el exigente y casi voraz director escénico, el de una capacidad especial e inquietante de llegar a otros; las entrevistas, las imágenes, todo aquello de lo cual Wilson está dispuesto hablar y todo aquello de lo que no (the CIVIL warS, especialmente, un proyecto del que se estrenaron apenas unas cuantas secciones, pero que jamás ha sido ejecutado en su compleción) nos presenta una mirada integradora del protagonista.

“Language is the barrier of imagination”

La narrativa construida por el film sostiene sólidamente que el modo en que Wilson interpreta tiempo y espacio escénicos estaría íntimamente ligado a sucesos de su infancia. A Wilson lo habría caracterizado siempre el sentirse distinto de los demás. Tartamudear de pequeño, de hecho, no hacía sino exacerbar esa sensación. Wilson relata cómo un bailarín, Byrd Hoffman, habría sido quien le sugiriera ralentizar sus pensamientos y el habla de modo de poder superar su dificultad. Los resultados habrían repercutido tanto más que solamente en no volver a padecerla, sino que se hicieron eco, más tarde, en sus trabajos, en donde el lenguaje, la falta de él, o su utilización in abstracto, pasarían a caracterizar toda su obra. Quienes hayan asistido a su propuesta desarrollada para la Turandot de Puccini en el Teatro Real, lo habrán justamente percibido, aún cuando aquí el ritmo de la música y las palabras no dependieran de él; visto a través del film, el cálculo puesto en la mejora de su tartamudeo es de las primeras experiencias de un tratamiento del tiempo otro que deriva en la minuciosidad de cada movimiento y cada gesto en escena en todas sus producciones. Esta última puesta presentada en Madrid no ha sido la excepción.

Ensayo de Turandot, Teatro Real.

En la década de 1960, Wilson fue responsable de la creación de The Byrd Hoffman School of Byrds, una comunidad artística cuyo hogar y lugar de ensayos fueron depósitos en el Lower Manhattan neoyorquino. Wilson había adoptado a Raymond Andrews, un niño afroamericano sordomudo, en 1968, y a Christopher Knowles, un joven autista, a comienzos de la década de 1970, y fue con ellos dos y otras personas a las que habría conocido en las calles y hospitales públicos del Harlem que formó la compañía responsable de varios éxitos, incluyendo la “ópera silente” anteriormente mencionada, Deafman Glance. El documental muestra efectivamente cómo las habilidades diferenciales de todos y cada uno de los miembros de esta compañía eran valoradas, aportando percepciones del tiempo diversas, atravesadas por la propia habilidad de Wilson para poder incorporarlas en los espectáculos.

“El lenguaje es la barrera de la imaginación”, dice Wilson en un momento del film, y así es cómo, aún con variadas entrevistas, el documental de Otto-Bernstein cuenta más cuanto más se acentúa la interacción de imágenes y anécdotas biográficas con las propias obras. La directora parece entender asimismo que la yuxtaposición de viejas fotografías familiares (por ejemplo, fotos de la madre de Wilson al momento de describirla en su distancia habitual) con momentos de sus producciones, no necesariamente ponen límite y dan cuenta total del sentido implícito (si es que hubiera alguno, efectivamente) en el modo de contar de Wilson. El riesgo de una reducción psicologista de la obra de Wilson está, desde ya, peligrosamente presente en todo momento (aunque sea por poco que no llega a consumarse), pudiendo acaso contradecir todo aquello por lo que Wilson ha trabajado, en tanto sus obras cobran sentido cuanto menor es la pretensión de aprehenderlas verbalmente.

“Not only is it sick – it is abnormal.”

En tanto uno, como miembro de la audiencia, está dispuesto a deponer su comprensión mundana de tiempo y espacio (cualquier ópera de hecho, y algunos compositores más que otros, lo impone), es especialmente cuando se asiste a una producción de Wilson que existe en última instancia la implicancia de una entrega quasi devocional al espectáculo que uno está a punto de ver.

Entre los primeros datos que se nos revelan de la historia familiar de Wilson aparecen los de su estricta crianza religiosa en Waco, Texas. Aún no presentándose como evidentes, aunados a sus estudios posteriores de arquitectura en su afán de “forzar un orden a través de este desorden”, su formación religiosa aporta los elementos necesarios conque ordenar y ritualizar la escena. Si he de volver a la Turandot que hace poco se ha visto en Madrid, y teniendo esto último en cuenta, es imposible no pensar en que una fábula de final edificante (Alfano mediante) con sus múltiples alusiones al número tres, tan caro a la simbología judeocristiana, no se constituye en el par perfecto para el imaginario del director.

Es de imaginar, en vistas justamente de aquella formación cristiana, que ante las primeras muestras del director, su padre extrañamente aceptara su métier, pero que el tono provocativo de las propuestas del primero merecieran que le dijera a su hijo: “No sólo es enfermo, sino que es anormal”.

Estos órdenes forzados reflejados en sus obras cobran mayor hondura al considerar la fascinación de Wilson por las instituciones. El documental nos permite también adentrarnos brevemente en las experiencias de Wilson en su internación en un hospital de Texas después de un intento de suicidio, en su juventud, y del cual ni su novio habría estado enterado siquiera al momento de estrenarse el film, y de su breve paso por prisión en Irán.

 

La exhaustiva investigación de Otto-Bersntein se completa con un libro de más de 200 páginas que incluye una miríada de diseños, recortes e imágenes que no pudieron ser incluidos en el film. Ambos tienen el valor de instarnos a experimentar de primera mano el trabajo de Wilson, tratándose, como es el caso, de uno de los más grandes directores de escena de las últimas décadas, capaz de haber instalado un estilo inmediatamente reconocible y que no deja de fascinar e inquietar.