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A lo largo de 20 años, Anthony Negus ha sido director musical de la Ópera del Festival de Longborough en el Reino Unido. Consolidado wagneriano, dirigirá una nueva producción de Der Ring des Nibelungen (El anillo de los nibelungos) de Wagner en Longborough desde el corriente mes de junio de 2019 hasta junio de 2023.

Wagner es una ocupación a tiempo completo para el director de orquesta encargado de Das Rheingold, Anthony Negus. Tal es así que, al encontrarnos en el centro de Londres, acababa de terminar de preparar un rol en Tristan und Isolde con un cantante y se encuentra a punto de asistir a una conferencia en la Wagner Society acerca de Parsifal, cuando ha regresado, poco ha, de dirigir Der fliegende Holländer en Melbourne. Anthony escuchó la música de Wagner por primera vez en su niñez, en una presentación de 1960 de Das Rheingold desde el Royal Opera House, pero más que expresar el cliché de haber tenido una revelación extraordinaria, tuvo una respuesta más serena, a la vez que la sensación de haber encontrado algo que ya era parte suya. “Me resultaba familiar,” recuerda. “Sentí que volvía a casa. Y sin embargo sentía que se transformaría en todo un viaje para mí.” Ese viaje resultaría ser uno que abarcaría toda su vida y que se aceleraría a una velocidad impresionante, aún en consideración de los estándares de los más ardientes seguidores de Wagner. “En 1961 tuve acceso al foso de la orquesta de Bayreuth, donde experimenté El Anillo dirigido por Rudolf Kempe, a quien conocí ese año, y Tristan dirigido por Karl Böhm. Di de lleno con el corazón mismo de la cuestión.”

Para todo amante de Wagner, un viaje a Bayreuth, el teatro cuya construcción fuera encargada por el compositor y su morada final, se asemeja a un peregrinaje. Sin embargo, uno no gana acceso al epicentro del universo de Wagner en la adolescencia por accidente. “Pasaba horas y horas interpretando Wagner en el piano: solía tocar el Parsifal en Viernes Santo todos los años, imaginándome que yo era la orquesta,” rememora Anthony. De todos modos, a pesar de la adulación cuasi-religiosa que el compositor y su música pueden suscitar, Anthony fue cauteloso de no caer en la trampa: “Decididamente paso por alto la mística: cuando diriges esta música, tienes que ir al grano. De hecho, la relación de Wagner con sus músicos de orquesta era en extremo pragmática: cuidaba de sus músicos, y ese es un abordaje en el que creo, también.”

Otra seña particular del estilo de dirección de Anthony es su compromiso con dar espacio a la música: “Necesita respirar. No dirigirías a Beethoven o a Mozart sin que el ritmo sea incisivo, y Wagner fue influenciado por Beethoven más que ningún otro.” También aboga por la importancia del silencio durante las funciones: “Ocurre algo especial cuando dejas que el silencio hable, y hay distintos tipos de silencio que creas como director de orquesta, y el público los puede sentir.” Dirigir el Anillo es un acto de equilibrio: “Debes hacer el trabajo. Debes ser realista, de modo que los músicos se sientan seguros: esa es la base a partir de la cual la inspiración puede llegar a fluir.”

Decodificar los  Leitmotifs de Wagner puede aún traer mayor inspiración; los recurrentes fragmentos musicales que componen el entramado musical de la totalidad del Anillo, y los cuales se asocian frecuentemente a temas, personajes u objetos particulares dentro de la saga. Citando como ejemplo los versos de una de las Doncellas del Rin, Woglinde: ‘Nur wer der Minne Macht versagt’ (Sólo aquel que renuncia al amor…’) de la escena primera de Das Rheingold, Anthony dice: “La primera vez que [los Leitmotifs] aparecen, especialmente con texto, es de gran significación e importancia para el desarrollo posterior.” Sin embargo, es precavido de no caer en una interpretación demasiado simplista de estas ‘células’ musicales: “Las etiquetas son útiles, siempre que uno acepte que no cuentan la totalidad de la historia.”

La complejidad de la historia de Wagner es sólo un aspecto del ciclo del Anillo, y que podría resultar intimidante para quien lo viviera desde fuera. Al embarcarse en su interpretación en el puesto de director de orquesta , el enorme despliegue de escritos académicos al respecto no lo asisten a uno, necesariamente. “Es abrumador,” dice. “Hay un montón que debería haber leído, pero aún no lo he hecho, mientras que cuando sí he leído ciertos libros, el trabajo de estudiar música suele ganarle.” El mar de grabaciones podría resultar igualmente paralizante, aún cuando Anthony está encantado de poder forjar su propio camino como artista después de muchos y enriquecedores años como Asistente de Dirección de Orquesta y Repetidor en múltiples producciones de Wagner: “Siento que mi voz recién está emergiendo. Lo que me motivó en primera instancia fue un LP intitulado Toscanini dirige Wagner, al que aún considero una referencia, del mismo modo que honro todas las influencias que me han hecho llegar hasta aquí. Pero fue un llamado telefónico de Longborough el que de veras me ha abierto puertas.”

Aquel llamado telefónico realizado en el año 2000 por el director de escena Alan Privett, marcó el comienzo de una larga relación entre Anthony y el Festival. Desde sus comienzos con una orquesta reducida (el ciclo de nueve horas se extendió por cuatro noches; distinto de su duración total original de 15 horas), el festival ha evolucionado hacia una institución lírica de considerable impacto y perfil internacional. A Anthony le entusiasma haber sido parte de ese trayecto, y se deleita ante cada oportunidad de revisitar el ciclo del Anillo con casa escenificación en Longborough, aún con sus modos mesurados: “Tienes que ir paso a paso con la música y permitirle que se dé lugar por sí sola.”

LFO © Matthew Williams-Ellis

Incluso a pesar de su insistencia en un abordaje pragmático a la hora de dirigir Wagner, el asombro de Anthony ante el uso de la tonalidad por parte del compositor crece a medida que pasan los años: “Su dominio de la armonía es impresionante, y su estructura rítmica genera magia.” Igualmente mágico es cuando existe una colaboración verdaderamente artística: “Soy muy receptivo al diseño de luces,” dice Anthony. “Si siento que es lo adecuado, me ayuda a dar color a la música, y he tenido mucha suerte de haber trabajado con directores que se preocupan por la música.”

Tomarse descansos entre lo que Anthony llama “intensos accesos de actividad wagneriana” a lo largo de su carrera, ha invariablemente revelado goces inesperados: “Cualquier trabajo que me den me propone una búsqueda. La música está siempre allí, en mi cabeza aunque no sea lo que predomine, pero de momento descanso, listo para embarcarme en el viaje. Lo que más disfruto de volver a la música es abrir la partitura y decir ‘¡Dios Santo! Debería interpretársela así, y solamente lo he visto de aquella otra manera.’” Los próximos cuatro años en Longborough parecen deparar muchos descubrimientos, por igual, para el director, quienes estén escena y la propia audiencia.

Longborough Festival Opera comienza su ciclo del Anillo hoy, 5 de junio de 2019, con una función de Das Rheingold. Para mayor información, visitar https://lfo.org.uk/.