Delphine Galou, nacida en París, emerge desde su voz, potente, aterciopelada y llena de luz.

Las personas que normalmente viajan durante todo el año, siempre viviendo en hoteles, solamente reconocen sus habitaciones por los cuadros colgados en las paredes. Delphine, a pesar de estar en un totum revolutum constante – no hace falta más que ver sus proyectos y agenda – es una de esas mujeres que te hace sentir en casa, porque su casa es la música y la pasión por la ópera barroca, y los cuadros, en fin, son sólo circunstanciales.

Tal y como dejó entrever en el Festival de Beaune este pasado julio interpretando a Giustino en Il Giustino de Antonio Vivaldi, junto a Ottavio Dantone al clave y su Accademia Bizantina. El próximo 16 de noviembre protagoniza una vez más Il Giustino en una nueva grabación con un reparto formado por la mezzosoprano alemana Silke Gäng, la soprano húngara Emöke Baráth y Verónica Cangemi.

En la tarea de redescubrimiento e interpretación de óperas barrocas, Accademia Bizantina propone, de forma paralela, el 11 de noviembre en L’Auditori de Barcelona, el Marc’Antonio e Cleopatra de Hasse en el que también anda implicada Sophie Rennert en el papel de Cleopatra y la propia Delphine Galou como Marc’Antonio.

Esa luz que proyecta en su voz también se vislumbra en cómo es como persona. Se acerca a Club de Ópera para hablarnos sobre sus proyectos, presentes y pasados.

– Il Giustino versa sobre el desarrollo psicológico y humano, y en este sentido Vivaldi parece un psiquiatra – una especie de Freud – de su tiempo. ¿Te reconoces en esta música y crees que, a estas alturas, tu instrumento (tu voz) tiene un verdadero impacto sobre los corazones y mentes del gran público?
– Por supuesto, creo en el poder de la música. Es un cliché, lo sé, pero es así. La música nos ha salvado hasta ahora y Vivaldi ha sido uno de los que más ha contribuido a ello. Interpretar esta música, que no es tan conocida y solo está incluida en circuitos exclusivamente barrocos, es simplemente un placer.

– Por tanto, ¿opinas que la música barroca plantea una historia sobre el amor, sobre la superación o que implica algo más?
– En mi caso, el proyecto de Il Giustino es todo amor, no solo por el clavecinista principal – un tal Ottavio Dantone – que es mi marido, sino porque junto con mis compañeros esta partitura nos hace a todos crecer y devenir algo mejor. En todo caso, claro, la música es solamente aquello que queremos que sea. Coincide con los sentimientos que describes pero también con aquellos sentimientos que transmite a cada persona del público que, desde su propia perspectiva, asume la música como propia.

 

Delphine Galou junto a Ottavio Dantone (c) Giulia Papetti

– Parece ser que interpretar roles masculinos es algo que ya tienes asumido: lo hemos visto en distintos personajes como el Andronico que interpretaste en el Tamerlano de La Monnaie de Munt, el Ottone con el que deleitaste en L’incoronazione di Poppea en el Festspiele Zürich, además de los personajes que se te plantean en un futuro inmediato con Giustino y Marc’Antonio. ¿Es más fácil para ti escudarte detrás de una máscara y cuerpo de hombre para interpretar tus personajes?
La interpretación, en mi caso, no es algo binario: todo hombre tiene un lado femenino y viceversa. Obviamente, en las producciones más tradicionalistas es divertido, pero no es más fácil en contraposición a interpretar una mujer, el hecho de llevar a un lado la espada preparada en posición para la batalla. No obstante, siempre que me subo al escenario ya dejo de ser yo misma, y me meto en su piel de acuerdo con las exigencias del personaje. Es evidente que la mayoría de personajes masculinos encajan perfectamente con mi voz de contralto pero además eso se completa con mi faceta andrógina. De hecho, en la producción de L’incoronazione di Poppea me confundían con un hombre y se tenía que aclarar constantemente que debajo de tanto maquillaje y vestuario estaba Delphine.

– Hablando sobre los aspectos de género de los personajes, cuando afrontas personajes de mujer, ¿tienes en cuenta la situación de la mujer que imperaba en ese momento bajo las garras del feudalismo y el patriarcado?
El enfoque que se les da a los personajes no depende siempre de mí, sino que, en muchas ocasiones, depende de la puesta en escena y el contexto en el que se sitúa la acción de la ópera, aun siendo barroca. Recuerdo cuando interpreté a Zenobia en Radamisto y fue especialmente duro porque tenía que llevar un vestido que pesaba 20 kilos, si solamente nos centramos en el rol de la mujer a nivel estético. En cualquier caso, por supuesto, que tratas de adaptarte a las circunstancias de ese tiempo pero, ante todo, tienes que crear y componer el personaje a partir del marco de una puesta en escena y dramaturgia concretas.

En los últimos años 20 años, Händel ha sido ampliamente reconocido por su música y su influencia se ha reflejado en un gran número de producciones en los grandes circuitos de música barroca. La tendencia apunta hacia la constante reposición de producciones de Alcina, Rinaldo o Giulio Cesare in Egitto.
No obstante, aún existe un cierto temor por representar aquellas óperas que no son tan conocidas de este compositor como Rodelinda, Agrippina o Serse – que tiene el placer de presentar bajo el sello de Deutsche Grammophon (nada menos) con Il Pomo d’Oro de Emelyanychev y junto a compañeros como Franco Fagioli, Vivica Genaux o Francesca Aspromonte.

– ¿Qué tienen que ofrecer estas obras a un público que no se reconozca perfecta e indefectiblemente con la ópera barroca?
– Sin duda, cada obra barroca de estas dimensiones debe tener una oportunidad y sobre todo estas últimas porque apelan directamente al corazón pero a la vez resultan muy sorprendentes precisamente porque no son muy conocidas. En torno a las típicamente representadas Alcina, Giulio Cesare in Egitto u Orlando Furioso se ha generado una tradición en los grandes circuitos operísticos. Incluso, en alguna ocasión, los propios programadores me han negado el valor de poner en escena a Vivaldi criticando sus librettos demasiado enrevesados, ¡están completamente equivocados! Sus librettos encajan perfectamente en los prototípicos roles barrocos e incluso en producciones absolutamente innovadoras. Últimamente hemos puesto sobre las tablas con gran esfuerzo La Verità in Cimento en el Opernhaus Zürich, ¡tendrías que haber visto sobre todo a la gente joven gritar y aplaudir a rabiar como si fuéramos estrellas del rock! Lo mismo sucedió en L’incoronazione di Dario en el Teatro Regio de Torino. Se demostró, en fin, que, a pesar de no ser tan reconocible en una primera aproximación, esta música también puede dirigirse en pie de igualdad a un público que no esté tan especializado en música barroca porque se puede conectar muy fácilmente con ella a nivel musical y espiritual. La reposición de obras como Alcina, Giulio Cesare in Egitto o Rinaldo no me parece que sea un error, pero hay cientos de obras muy interesantes musicalmente que aun nos aguardan.

– En este sentido, ¿es el turno de Vivaldi?
– Lo es, sin duda alguna. La música barroca, desde mi punto de vista, hace su aparición de la mano de Vivaldi. Es verdad que todos hemos escuchado mucha música instrumental suya pero sus óperas aún están en un proceso de recuperación que es muy necesario. Tampoco quiero dejar de lado otros compositores de esta misma época cuyas óperas se interpretan raramente como Nicola Porpora, Johann Adolph Hasse o Antonio Caldara – especialmente recomendable La concordia de’ pianeti -.

– ¿Por qué crees que es tan reconocible la música instrumental de Vivaldi pero son tan desconocidas sus óperas?
– Es indudable reconocer el papel que desempeñan las Quattro Stagioni en la historia de la música. Sin embargo, en este campo de las óperas de Vivaldi quiero destacar el impresionante trabajo llevado a cabo por Naïve recopilando todas sus obras, de una forma preciosa tanto musical como artísticamente. Ha sido uno de los proyectos más grandes en los que he participado y creo que iniciativas que se puedan impulsar en este sentido siempre serán bienvenidas. Por ejemplo, Porpora es un gran compositor pero su música no es tan conocida porque no hay tantas grabaciones de su obra y no se le ha valorado en este aspecto. ¡Aún queda mucho trabajo por hacer!

– ¿Es posible que en los grandes circuitos de música barroca se elaboren programaciones completas que presenten una simbiosis entre compositores como Hasse, Cavalli, Porpora o Jommelli?
– Su música es muy potente, aunque el hecho de que brille en mayor o menor medida siempre dependerá de quién la interprete. Confío en su potencial de la misma forma que creo en el potencial de Giulio Cesare in Egitto. Es cierto que el público cuando asiste a una representación de Giulio Cesare in Egitto o Alcina está esperando – probablemente durante más de dos horas – un aria concreta de Giulio Cesare o Cleopatra que reconocen y con la que empatizan. Sin embargo, las obras de compositores como Jommelli siempre plantean un reto y, de primeras, siempre generan un cierto escepticismo. Aunque tanto el público como los programadores tienen que confiar en nosotros porque el resultado puede ser aún mejor que la mejor Alcina. Tuvimos muchísimo éxito con L’incoronazione di Dario y nadie había oído nada sobre la obra antes de aquello. Hay miles de obras esperando a ser recuperadas. Solo espero tener tiempo para poder interpretarlas y darles visibilidad.

Agitata (Alpha) ha tenido una gran repercusión y éxito pero era un reto impresionante, hasta tal punto que mereció el 2018 Gramophone Awards Recital award. ¿Era el momento de reafirmarte, empoderarte y volar sola?
– Sí, era tiempo de hacerlo. Fue como un sueño que se convierte en realidad que Ottavio y Accademia Bizantina pudieran aco

mpañarme en este viaje. No fue tanto mi propio empoderamiento, como fue un proyecto nacido de nuestro deseo conjunto de hacer música. Ottavio, en primer lugar, solamente planteó el contenido para clave y voz, para que los dos tuviéramos el placer de interpretar la música que amamos y que nos toca muy de cerca, a pesar de tratarse de música no tan conocida en los grandes circuitos.

Agitata es un proyecto sobre compositores que conoces de oídas, pero respecto de los cuales no conoces su música. A raíz de esta idea, decidimos hacer el proyecto más grande y dividimos el contenido del CD en dos: por una parte, aquellos fragmentos que implican una mayor orquestación como Jommelli, Vivaldi y Porpora y, por otra, aquellas que solo exigen la voz acompañada del basso continuo como Torelli o Brevi. No fue un proyecto exclusivamente personal, sino que lo tomamos como una oportunidad de grabar aquello que amamos y, por supuesto, el reconocimiento de la crítica fue toda una sorpresa para ambos.

Delphine y Ottavio, al fin, virtuosi y exploradores de nuestro tiempo.

 

https://www.delphinegalou.com